Suecia cambia el ritmo al votar izquierda, pero una izquierda antimigratoria, el estigma de la política europea que afea la recuperación económica.
La noche transcurría agridulce en la capital, Estocolmo. Los socialdemócratas suecos encabezan el bloque de izquierdas de la oposición que logra sumar una mayoría de escaños, 183, y así desbancar a la derecha, hasta ahora en el poder.
Sin embargo, el SAP, liderado por Magdalena Andersson, ha cosechado su peor resultado desde 2018. Han logrado un 28,4% de los votos, mientras que en las pasadas elecciones, en 2022, sumaron un 30,3%.
El bloque de izquierda de Andersson va camino de sumar el 51,3% de los votos. La alianza de derecha, encabezada por el actual primer ministro, Ulf Kristersson, obtendría el 46,8%. El Partido Moderado de Kristersson consigue el 18,1%, por delante de los Demócratas de Suecia (SD), de ultraderecha, con un 17,2%.
El programa de la alianza de izquierda no tiene nada que ver con el resto de Europa. Los partidos se alinearon con la OTAN en la campaña por temor a Rusia; prometen restringir la inmigración y asumen como prioridad la seguridad en los barrios tomados por las bandas criminales de origen extranjero. Le ganaron la partida a la derecha. Ahora, habrá que esperar, en el caso de que gobiernen (unos resultados muy ajustados) a ver cómo aplican las medidas.




























