Víctor Sarmiento, director y locutor de 'El Mañanero', en 9 Radio.

Víctor Sarmiento (Las Palmas, 1975), es el director y locutor del programa estrella de 9 Radio, ‘El Mañanero’, con casi 20 temporadas a su espalda. En la presente entrevista, el comunicador isleño desvela las claves de las cinco horas de emisión diaria (de 08.00 a 13.00 horas, de lunes a viernes) sin perder de vista los retos tecnológicos de la radio, donde la onda tradicional se inserta en los soportes virtuales. «La radio ha cambiado, la sociedad ha cambiado y nosotros también. Pero creo que se ha mantenido algo fundamental, que es la forma de hacer radio. Se intenta ser natural y que el oyente sienta que forma parte del programa».

-Casi 20 temporadas de El Mañanero en 9 Radio suponen todo un récord en la programación isleña. ¿Cuáles son las claves de la fidelidad que le dispensa la audiencia?

-Sobre todo, la cercanía. Después de tantos años hay oyentes que llevan muchísimo tiempo con nosotros y, al final, se crea una relación que va más allá de simplemente escuchar un programa de radio. Conoces a la gente, ellos te conocen a ti, saben cómo piensas, saben cuándo estás de buen humor e, incluso, cuándo tienes un mal día. También se intenta no acomodarnos. El Mañanero de hoy tiene poco que ver con el que empezamos en 2008. La radio ha cambiado, la sociedad ha cambiado y nosotros también. Pero creo que se ha mantenido algo fundamental, que es la forma de hacer radio. Se intenta ser natural y que el oyente sienta que forma parte del programa.

En su escaleta es capaz de buscar el nexo entre los asuntos locales y los temas de alcance internacional, dando al oyente una sensación de proximidad sin dejar atrás la realidad del Estado o de los grandes asuntos mundiales.

-Para mí, eso es fundamental. Somos una radio de Gran Canaria y evidentemente lo que pasa aquí tiene muchísimo peso. Me interesa lo que ocurre en nuestros municipios, nuestros problemas, nuestra cultura, nuestros deportistas, nuestra gente… Pero tampoco podemos vivir en una burbuja. Hoy cualquier cosa que pase a miles de kilómetros puede terminar afectándonos. Lo vemos con la economía, con las guerras, con el turismo, con la inmigración o con decisiones que se toman en Europa. Lo que intento es contar esas noticias pensando siempre: ¿esto cómo afecta a la persona que me está escuchando ahora mismo en Gran Canaria? Creo que ahí está nuestro papel como radio cercana.

-Dicen que la radio transita sobre la hibridación digital, combinando la inmediatez de la onda tradicional con la personalización que dan los soportes virtuales. ¿Es el camino de todo programa que se precie?

-Sí, y además creo que ya estamos metidos de lleno en ese cambio. Cuando empezamos El Mañanero en 2008, la radio era básicamente encender el aparato y buscar una frecuencia. Hoy alguien puede escucharte por FM, por Internet, desde el móvil o recuperar después una entrevista. Y las redes sociales también han cambiado muchísimo nuestra relación con el oyente. Antes la participación era fundamentalmente el teléfono; ahora te escriben, te mandan un audio y aunque esto sea la radio, mandan muchas fotos o videos que trato de describir o subirlo a las redes.

-Para un periodista radiofónico como usted, ¿qué prima más, lo importante o lo interesante?

– Las dos cosas. Y si consigues que lo importante además sea interesante, mejor todavía. Porque puedes tener delante un asunto importantísimo, pero si lo cuentas de una manera que no entiende nadie, el oyente desconecta. Y luego hay temas que quizá no van a cambiar el mundo, pero que interesan muchísimo a la gente. El Mañanero dura 5 horas y eso te permite jugar con todo eso. Podemos estar hablando de un asunto político serio y veinte minutos después entrevistar a un cantante, hablar de salud, contar una curiosidad o poner una canción. Creo que precisamente ahí está la gracia de un magazine como este.

-¿Cómo definiría el perfil de El Mañanero? ¿Información, entretenimiento, servicio…?

-Un poco de todo. Si tuviera que definirlo, diría que es un programa de compañía. Por supuesto que queremos informar. Tenemos actualidad, entrevistas, política, cultura, salud, deporte… pero tampoco quiero hacer cinco horas de radio en las que el oyente termine agotado. Hay que entretener, poner música, reírnos de vez en cuando y hacer participar a la gente. Yo siempre pienso que mientras estamos haciendo el programa hay alguien conduciendo, otro trabajando, alguien desayunando en casa o una persona que simplemente está sola y tiene puesta la radio. Y cuando llevas tantos años haciendo esto te das cuenta de que acompañar también es una función muy importante de la radio.

-¿Cree que se impondrán los modelos omnicanal, es decir, aplicaciones móviles, altavoces inteligentes o contenidos bajo demanda?

-Creo que ya se están imponiendo. Lo que ha cambiado es que antes nosotros decidíamos prácticamente cuándo tenía que escucharnos la gente: El Mañanero empezaba a una hora y si no estabas delante de la radio, te lo perdías. Ahora el oyente quiere decidir. Puede escucharte en directo, pero también quiere recuperar una entrevista después o encontrarte desde el teléfono. Para mí lo importante es estar donde esté la audiencia. Si dentro de unos años la gente escucha mayoritariamente la radio de otra manera, tendremos que estar ahí. Lo que no debería cambiar es el contenido y nuestra personalidad.

-¿Qué importancia le da al factor humano en un programa tan expresivo que dura 5 horas?

-Muchísima. Para mí es probablemente lo más importante. Hacer tantas horas de directo todos los días también tiene algo de resistencia. Hay días en los que llegas con una escaleta un poco sosa y a los veinte minutos ha pasado algo y tienes que cambiar medio programa. El directo y la inmediatez de la radio hace que las mañanas puedan ser impredecibles. O haces una entrevista que pensabas que iba a durar diez minutos y resulta tan interesante que estás media hora. Eso es lo bonito de la radio. No todo puede estar perfectamente medido. Además, después de tantas horas delante de un micrófono es imposible interpretar un personaje todos los días. Al final eres tú. Y creo que el oyente nota perfectamente cuándo estás siendo natural y cuándo no.

-Después de casi 20 años, su experiencia es un activo para analizar que se puede ser capaz de atraer a las nuevas audiencias con lenguajes multimedia sin perder la identidad tradicional del medio. ¿Está de acuerdo?

-Sí. Yo he visto cambiar muchísimo la radio desde que empecé El Mañanero. Hemos pasado por Tuenti (red social ya desaparecida) Facebook, Twitter, Instagram, vídeos, podcast, streaming… y seguramente dentro de cinco años estaremos utilizando cosas que hoy ni imaginamos. Hay que adaptarse, claro que sí, especialmente si queremos llegar a gente más joven. Pero tampoco creo que tengamos que volvernos locos intentando parecernos a un creador de contenido de veinte años. La radio tiene su propio lenguaje y su propia magia. Podemos utilizar vídeo, redes sociales, Internet y todo lo que venga, pero sin perder nuestra identidad. Creo que la experiencia
precisamente te ayuda a distinguir entre lo que es una herramienta nueva y lo que realmente constituye la esencia de tu programa.

-La radio ya no sólo se escucha, sino que también se ve. ¿Veremos El Mañanero?

-Es verdad que cada vez se ve más la radio y el oyente lo suele demandar, pero yo pienso que quien mucho abarca, poco aprieta. Hemos hecho alguna prueba en verano, pero creo que es mejor centrarnos en que el audio llegue bien. Además, nuestro estudio es estrecho y alargado y está mal amañado para retransmitir lo que pasa dentro. La radio tiene algo maravilloso y es que tú no necesitas mirar una pantalla. Puedes estar conduciendo, trabajando, cocinando o caminando y nosotros estamos contigo.