Auditorio Alfredo Kraus. (Foto Creative Commons).

A nadie se le esconde que tanto el Teatro Pérez Galdós como el Auditorio Alfredo Kraus, equipamientos integrados a la Fundación Auditorio y Teatro de Las Palmas de Gran Canaria, son dos espacios culturales muy conocidos y apreciados para el gran público de la capital grancanaria, que opta por disfrutar de sus respectivas programaciones anuales, pero que constituyen para el sector cultural de la isla dos plataformas fundamentales y estratégicas en sus planes de producción y difusión de sus trabajos escénicos y musicales que acometen con regularidad a lo largo del año.

Por ello, la presentación reciente de Zoilo Alemán como nuevo gerente de la entidad citada era esperada con anhelo por el sector cultural de la isla. La abrupta salida del anterior titular, Tilman Kuttenkeuler, quien ha presentado dos demandas, una por la vía laboral y otra por la contencioso-administrativa contra esta institución, ha significado un alivio para muchas productoras que han venido sufriendo en el transcurso de la década de gestión del técnico alemán, su soberbia y prepotencia inexplicable tratándose de un servidor público.

Esa displicencia con la que ha tratado todos estos años a los grupos y productoras teatrales -todo hay que decirlo- ha sido consentida por los patronos que han pagado su sueldo durante diez años y que, muy posiblemente, tendrán que apoquinarle una buena pasta de todos los contribuyentes con la finalidad de llegar a un acuerdo que evite un conflicto que se prevé dilatado en el tiempo y que puede dañar la imagen de una fundación sustentada por dos patronos: una mujer a la que tampoco le gusta mucho escuchar el eco de la calle, la alcaldesa Carolina Darias, y un ecohombre que solo parece inclinarse por las obras faraónicas como las del nuevo Estadio de Gran Canaria y la de la Central de Chira-Soria, el presidente del Cabildo, Antonio Morales.

Son muchos y muchas en el ámbito del sector cultural grancanario los que han criticado de puertas adentro, pero nunca públicamente, el trato llamativo dispensado por el káiser a dos productoras durante su trayectoria como gestor. Una de ellas, unahoramenos, dirigida por Mario Vega, con cuya Fundación viene coproduciendo con presupuesto público desde hace años, los dos proyectos escénicos ‘Laboratorio Galdós Internacional’ y ‘Segunda Lectura’, y la Escuela Memvus, que desde 2016 estaba integrada, además, en el marco del proyecto educativo de la Fundación Auditorio y Teatro de Las Palmas de Gran Canaria. Y que conste, que no pongo en duda la esencia, dimensión y virtud de los proyectos mencionados, sino la dinámica establecida para llegar a convertirlos con el tiempo en una especie de marca institucional de la entidad. Entre los grupos musicales y productoras de la isla también se ha puesto en tela de juicio la fecunda relación del productor Juan Francisco Senabre con la fundación, quien ha congestionado su programación con insufribles y patéticos tributos.

De alemán a Alemán… y tiro porque me toca. El nombre de Zoilo Alemán circulaba en los mentideros culturales mucho antes de que Kuttenkeuler supiera que no seguiría ocupando su despacho de la fundación, y antes de que se conociera el fallo definitivo de la convocatoria pública impulsada por el patronato de la misma.

Ahora resulta que esas dos infraestructuras son fundamentales como motor de desarrollo cultural y por ello había que imprimirles un nuevo impulso regenerador ante las nuevas tendencias culturales, como avanzó la propia Darias en la toma de posesión del nuevo gestor. ¿Es que en los diez años anteriores no lo habían sido? Entiendo que cuando se destaca en un discurso que se trabajará “con vocación de servicio público”, de alguna manera se está implícitamente reconociendo que en la etapa anterior esa cualidad que debe presidir inexcusablemente siempre la política de cualquier entidad que pertenece a toda la ciudadanía, ha brillado por su ausencia durante una década.

Dudo que Zoilo Alemán conozca con exactitud la radiografía que pone al descubierto la artrosis galopante que padece el sector cultural de la isla. Desconozco si su virtud de ser socio numerario de los Amigos Canarios de la Ópera desde sus tiernos cinco años de edad, una aristocrática entidad privada que recibe todos los años cuantiosas subvenciones públicas de carácter nominal y directa (460.000 euros concedidos en 2025 por el ayuntamiento, 115.920 euros por el INAEM, 150.000 euros del Gobierno de Canarias y 330.000 del Cabildo grancanario) para organizar sus temporadas, le hacen acreedor del beneficio de la duda. Tampoco si su experiencia de más de 25 años de experiencia en dirección turística e industria MICE aportará algún plus a su manejo en la ingeniería de la gestión cultural concreta que precisa y demanda el sector de la cultura de la ciudad.

Lo deseable es que, antes que nada, la casa esté aseadita y su maquinaria engrasadita. Era conocida la pésima relación que mantenía Kuttenkeuler con Manuel Benítez, subdirector de programación (y gran protegido de Antonio Morales, hasta el punto de rehuir al enfrentamiento público con su jefe inmediato lo que provocó que se refugiara durante una temporada a la cómoda sombra de la gerencia de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria), así como con otros empleados de su entorno más cercano que en muchas ocasiones se han visto ninguneados. Queda pendiente la tarea de establecer cuanto antes un canal de diálogo con grupos, entidades y productoras locales con la finalidad de fijar esas bases orientadas “a maximizar el valor artístico y cultural de la ciudad y la isla” de las que Zoilo Alemán presumió en su presentación oficial. “La cultura es nuestro motor de desarrollo fundamental y de ahí la importancia que las instituciones que conformamos este Patronato queramos darle un nuevo impulso a esta fundación”, subrayó Darias. No se lo cree ni ella… ni nosotros, por cierto.

¿Cómo se lo va a creer quien ha consentido una más que discutible gestión de la Sociedad de Promoción de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, sumiéndola en una grave crisis tras querellarse la Fiscalía Anticorrupción contra ex cargos públicos y directivos por presuntos delitos de prevaricación y conflicto de intereses, destapando un agujero millonario y cientos de facturas sin expediente de contratación?

Erika Siruela, analista cultural.