El personaje con cabeza de búfalo se convirtió en una de las imágenes del asalto al Congreso.

Capitolio blindado a cal y canto paera la ceremonia de investidura (a puerta cerrada por las bajas temperaturas) de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. La imagen es muy diferente a la acusada, hace cuatro años, con la invasión de partidarios del partido republicano.

De un modo u otro, Washington es ya el escenario de uno de los actos más vigilados de la historia de Estados Unidos: la toma de posesión de Trump como el 47º presidente del país estadounidense. En medio de un clima de tensión política y posibles actos de violencia, la ciudad se encuentra completamente amurallada por un dispositivo de seguridad que incluye más de 25.000 agentes de seguridad y un despliegue tecnológico de última generación.

La seguridad ha sido diseñada para garantizar que la ceremonia de juramento, con un perímetro de 48 kilómetros de vallas que rodea las principales áreas de la ciudad, desde la Casa Blanca hasta el Capitolio, pasando por la famosa Avenida Pensilvania, por donde se llevará a cabo el desfile presidencial. Estas medidas de seguridad se complementan con puntos de control, restricciones de tráfico y francotiradores posicionados en los tejados de los edificios cercanos.

Las autoridades han señalado que la mayor amenaza para la seguridad proviene de los llamados «lobos solitarios», es decir, personas que podrían llevar a cabo ataques aislados sin conexión con grupos organizados. Esta preocupación ha aumentado debido a los incidentes ocurridos en las últimas semanas, como el atropello masivo en Nueva Orleans que acabó con la vida de 14 personas o el atentado en Las Vegas frente a un hotel. Además, la policía ha señalado que ya ha habido intentos de ataque cerca del Congreso, lo que hace aún más urgente el gran despliegue de seguridad.

El Servicio Secreto, bajo la dirección del agente Matt McCool, ha afirmado que confían al 100% en el plan de seguridad diseñado para este evento. Sin embargo, el jefe de la policía del Capitolio, Thomas Manger, ha indicado que, aunque de momento no se han identificado amenazas, el riesgo sigue presente, lo que obliga a mantener el nivel de alerta.