Bandera del nacionalismo canario, con siete estrellas verdes.

¿Cuánto puede aportar Canarias a la gobernabilidad del Estado? Por ahora, poco, con sólo el escaño de Cristina Valido, por Santa Cruz de Tenerife. Las encuestas más recientes encargadas por Pablo Rodríguez (CC, Gran Canaria) apenas dan aliciente a un voto tan repartido como la pedrea de Navidad, al menos, en Gran Canaria, donde seis formaciones se disputan el electorado nacionalista.

Pero el PSOE (crecido en una coyuntura internacional que se sobrepone a la corrupción), toma nota siempre. «Aquí cuentan todos los votos», subrayan como un mantra que se proyectará hasta una posible vuelta a las urnas en marzo de 2026.

En realidad, el que toma nota es el propio Pedro Sánchez, con capacidad para envolver a los votantes de Sumar, Podemos y nacionalistas catalanes, de ahí que la visita de Fernando Clavijo al Ministerio de Hacienda se desenvolviera entre algodones, mostrando un instinto de adelanto electoral a base de información privilgiada en el caso de la ministra, o de pura raza política en el rol del presidente regional.

Si ese empuje a la Agenda Canaria se escenifica con sólo un escaño, imaginemos con un colectivo de tres o cuatro. Habría superávit.