Papa León XIV, con los cardenales, en el Vaticano Foto Vatican News.

De nuevo, error de la Iglesia Católica en el equilibrio sobre género y oportunidades entre hombres y mujeres.

Una comisión de alto nivel designada por el papa Francisco votó para mantener, por ahora, la práctica de la Iglesia global de un clero exclusivamente masculino, según un informe entregado al Papa León XIV.

La comisión, en una votación de 7 a 1, declaró que la investigación histórica y teológica «excluye la posibilidad» de permitir que las mujeres sean admitidas a la ordenación diaconal en este momento, pero recomendó un estudio más profundo del tema.

El informe de esta comisión, cuyos resultados fueron publicados por la Oficina de Prensa del Vaticano este jueves, indicó que la evaluación del grupo sobre el asunto fue sólida, pero «no permite, a día de hoy, formular un juicio definitivo».

Esta es la segunda de dos comisiones instituidas por el difunto papa Francisco para estudiar la posibilidad de que las mujeres sirvan como diáconos católicos, quienes, al igual que los sacerdotes, son ordenados, pero no pueden celebrar la Misa.

Ambas comisiones se reunieron en secreto. Esta es la primera vez que se hacen públicos los resultados de sus discusiones, con un informe entregado al sucesor de Francisco, el papa León XIV.

El Papa Juan Pablo II prohibió a las mujeres servir como sacerdotes en 1994, pero no abordó específicamente el tema de las mujeres diaconisas.

Los defensores señalan evidencia de que las mujeres sirvieron como diaconisas en los primeros siglos de la Iglesia. Una mujer, Febe, es mencionada como diaconisa en una de las cartas del apóstol San Pablo.

El informe resume los pros y los contras. Los favorables sostienen que la tradición católica y ortodoxa de reservar la ordenación diaconal (pero también la presbiteral y episcopal) solo a los hombres parece contradecir «la condición de igualdad entre el hombre y la mujer como imagen de Dios», «la igual dignidad de ambos géneros, basada en este dato bíblico»; la declaración de fe de que: «ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3,28); el desarrollo social «que prevé la paridad de acceso, para ambos géneros, a todas las funciones institucionales y operativas».

En el lado opuesto se ha planteado esta tesis: «La masculinidad de Cristo, y por tanto la masculinidad de quienes reciben la ordenación, no es accidental, sino que forma parte integrante de la identidad sacramental, preservando el orden divino de la salvación en Cristo. Alterar esta realidad no sería un simple ajuste del ministerio, sino una ruptura del significado nupcial de la salvación». Este párrafo se sometió a votación y obtuvo 5 votos a favor para confirmarlo con esta formulación, mientras que los otros 5 miembros votaron a favor de su eliminación.

En sus conclusiones, el cardenal Giusseppe Petrocchi subraya que existe «una intensa dialéctica» entre dos orientaciones teológicas. La primera afirma que la ordenación del diácono es para el ministerio y no para el sacerdocio: «este factor abriría el camino hacia la ordenación de diaconisas».

La segunda, en cambio, insiste «en la unidad del sacramento del orden sagrado, junto con el significado esponsal de los tres grados que lo constituyen, y rechaza la hipótesis del diaconado femenino: señala, además, que si se aprobara la admisión de las mujeres al primer grado del orden, resultaría inexplicable su exclusión de los demás». Por ello, según el cardenal, es indispensable, para continuar con el estudio, «un riguroso y amplio examen crítico realizado sobre el diaconado en sí mismo, es decir, sobre su identidad sacramental y su misión eclesial, aclarando algunos aspectos estructurales y pastorales que actualmente no están enteramente definidos». De hecho, hay enteros continentes en los que el ministerio diaconal es «casi inexistente» y otros en los que opera con actividades que a menudo «coinciden con las funciones propias de los ministerios laicales o de los ministrantes en la liturgia».