Jóvenes cubanos, en el ocaso, pescan en el Malecón.

En medio de un cerco petrolero y comercial sin precedentes a Cuba, el presidente estadounidense Donald Trump prorrogó hasta el 17 de septiembre de 2027 el embargo contra la isla, bajo la Ley de Comercio con el Enemigo (TWEA), vigente desde 1917.

La medida, ya oficial y prevista para publicarse este martes, según reportes de prensa, refuerza el cerco petrolero y comercial que La Habana denuncia como «bloqueo económico, financiero y comercial», con pérdidas anuales estimadas en 7 556 millones de dólares, según cifras oficiales.

El embargo, aplicado desde 1960 por Dwight Eisenhower y convertido en bloqueo casi total en 1962 por John F. Kennedy, ha sido renovado cada año por los sucesivos presidentes.

Posteriormente, fue endurecido con la Ley Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996), que extendieron sanciones a terceros países y empresas extranjeras.

La prórroga firmada por Trump coincide con un escenario de presión económica y energética sin precedentes: sanciones a navieras y aseguradoras que transportan crudo, multas a bancos extranjeros y amenazas a compañías de terceros países que invierten en sectores estratégicos como turismo y energía.

Esto ha provocado la salida de empresas y ha agravado la crisis interna, con escasez de alimentos, medicamentos, combustibles y recortes de electricidad sin precedentes.

Cada año, Cuba presenta en la ONU una resolución contra el embargo, respaldada por la mayoría de los países, aunque no vinculante.