
Mohamed VI, rey de Marruecos, recuenta sus muertos con 200 desaparecidos a nado. La crónica de la tragedia ceutí se escribe el día después del asalto a la frontera en una operación de altura que provocó un movimiento sin precedentes de personas. Mientras el Gobierno español y la oposición se ensarzan en una batalla dialéctica con tintes electorales, tanto en Ceuta como en el lado marroquí se siente la crecida de las lágrimas por los parientes que no aparecen, de los que muchos son niños que se lanzaron al agua por una falsa esperanza de concesión para permanecer en Europa.
Familias magrebíes destrozadas buscan a menores de edad que sucumbieron tratando de alcanzar Ceuta. Más de 60.000 personas cruzaron al enclave español, mientras que el número oficial de fallecidos asciende a 72.
El Hospital Militar de Ceuta preparaba este domingo, deprisa y corriendo, una sala mortuaria para el drama que está por venir con la aparición, a priori, de decenas de cadáveres.
Las familias marroquíes están desoladas o aterrorizadas ante la posibilidad de que sus hijos estuvieran entre los fallecidos, informa The Financial Times en un excelente reportaje a pie de calle en Castillejos, sobre territorio marroquí.
Mientras las autoridades españolas obligaban a los rezagados que habían cruzado la frontera a regresar a Marruecos, muchos seguían desaparecidos. Sus madres y hermanas vagaban por las calles cercanas a la frontera con fotos en mano, yendo de comisaría en comisaría y de centro de deportación a lo largo de la costa.

























