El 8 de septiembre de 2026, casi 25 años después, los sistemas educativos de los países más desarrollados del planeta experimentaron su 11-S particular: como ya saben, los datos del Informe Pisa, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, impulsado por la OCDE, concluyen que “el rendimiento académico ha seguido disminuyendo hasta llegar a los promedios más bajos registrados hasta el momento en matemáticas y lectura”, según la propia información de prensa de la OCDE. El descalabro educativo es mayúsculo, según esos indicadores. Los peores resultados en 25 años. El primer informe PISA es del año 2000. Todavía estaban en pie las Torres Gemelas.
Este último informe PISA es el más amplio realizado nunca: 760.000 estudiantes, de 91 países, entre ellos, por primera vez, cinco africanos:
Marruecos, Mauricio, Kenia, Ruanda y Zambia. Como también saben, este examen global se hace a alumnado de 15 años, sea cual sea su nivel educativo, y se evalúan sus competencias en lectura, matemáticas y ciencias naturales. En esencia, no se evalúa estrictamente el conocimiento, sino la capacidad de aplicarlo, mediante esos tres indicadores.
La propia OCDE se encargó de ofrecer las conclusiones más gruesas de los resultados, sin obviar el “pronunciado” retroceso global. Los resultados de España (462, como síntesis de los tres indicadores), la ubican en el puesto 33 de los 91 países analizados. Entre los 10 primeros, siete asiáticos. El primer europeo, Estonia (7º, con 511).
La tendencia global de decrecimiento de las competencias educativas del alumnado quinceañero tiene, por supuesto, excepciones. Por poner solo unos ejemplos, la puntuación en ciencias creció en países tan diversos como Costa Rica, Turquía, Reino Unido o Eslovaquia. Puede sorprender que varios países que no pertenecen a la OCDE aumentaron sus resultados: Camboya, El Salvador, Georgia, Jordania, Montenegro, Mongolia, Filipinas, Arabia Saudita, Tailandia, Uruguay, Uzbekistán. Parece aceptable suponer que la realidad socioeconómica y educativa de los países mencionados difiere entre ellos, y también respecto de los países de la OCDE donde los resultados han decrecido. El análisis de esas particularidades deberá hacerlo sus sociedades y gobiernos.
Pese a las críticas a PISA, se trata de un informe que procura afrontar las diversas variables en la que se desarrolla el proceso de aprendizaje del alumnado que evalúa. Las condiciones socioeconómicas, la naturaleza privada o pública de los centros escolares, pero también la actitud de los adolescentes sobre el aprendizaje, sus recursos escolares, relación escuela-familia, el clima escolar, y otros múltiples factores son analizados. Y también procura, de forma valiente, ubicar los datos en tendencias generales que puedan explicarlos.
En este caso, apunta a varias. Los resultados del alumnado difieren menos según su clase social, pero no porque hayan aumentado las competencias del alumnado menos favorecido, sino porque ha decrecido el resultado de los jóvenes con más ventajas socioceconómicas. ¿Significa que no hay diferencias según la clase social? No: la distancia sigue siendo significativa, aunque menor: ahora es de 85 puntos en Ciencias.
Sin embargo, hubo un mensaje que la mañana del 8 de septiembre pareció provocar un «¡Oh! Ya lo decía yo» internacional, cuando las primeras páginas de los media de todo el planeta comenzaron a enviar los titulares sobre PISA y el descalabro educativo global. Mathias Corman, secretario general de la OCDE, señalaba a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial: «La tecnología y la IA pueden reforzar el aprendizaje y contribuir a la preparación de los jóvenes para el futuro, pero solo si se utilizan con criterio, y no en detrimento de la atención, el esfuerzo y la comprensión«. En cada país, miles de padres y madres, profesorado, gestores educativos, y clase política se convertían en el capitán Louis Renault de Casablanca: «¡Qué escándalo, aquí se juega!».
«¡Qué escándalo! Aquí se guglea». Parece que buena parte de la humanidad sabía perfectamente los resultados del último informe PISA mucho antes de que llegaran a nuestros, por cierto, móviles y por internet, y seguramente es así: ya lo sabían. Algunos sistemas educativos ya habían intervenido al efecto, pero la primera reacción ha venido del nuevo outsider político simbólico, el alcalde de Nueva York, Zohran Mandani, que justo 25 años después del 11-S, el 11 de septiembre de 2026, solo tres días después de la tragedia educativa que nos ha revelado PISA, ha instaurado una moratoria de un año en las aulas de su ciudad, en las que no podrá emplearse la Inteligencia Artificial “para proteger el pensamiento crítico”.
PISA contiene muchos más datos para la reflexión. Y algunos de ellos quiebran algunas evidencias previas. Una de ellas, la caída del sólido norte educativo español. ¿Y Canarias? ¿Realmente la evaluación de PISA es tan pésima en el caso de Canarias? Y, sobre todo, como dicen ahora nuestros jóvenes evaluados por PISA: ¿hay algunos factos en las aulas canarias, en las facultades donde preparamos al profesorado de secundaria y primaria, en el sistema educativo en su conjunto, que podamos exponer para aprovechar de manera fértil el debate de PISA? Yo creo que sí.
Federico González Ramírez es profesor de Sociología de la ULPGC.
https://accedacris.ulpgc.es/cris/rp/rp01245

























