Campo de refugiados de Mber, en la Mauritania oriental, acoge a 100.000 refugiados de Mali. Foto Aljazeera).

Los fenómenos globales de la política, la economía y la seguridad afectan por igual a todos los países. Como enseñan las plataformas de pensamiento y las agencias militares, conocer esa trayectoria previene riesgos innecesarios.

Los últimos 30 años de expansión del yihadismo en los territorios centrales del Sahel es un asunto tan tenebroso como preocupante. Responde a tantas pautas que se entrecruzan en un laberinto de intereses gigantescos. Para Canarias, que se nutre exclusivamente del turismo europeo, la mejor receta descansa en las Fuerzas Armadas y en los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad del Estado, consideradas una de las más relevantes del espacio Schengen.

En este contexto, las Islas no han dado la espalda a la crisis de Mali, Burkina Fasso o Níger que se cierne sobre Marruecos y Mauritania. En 2025, el presidente canario, Fernando Clavijo, avisó al Ministerio del Interior de la abundante presencia de malienses (hasta 600) con estatus de refugiado. Tanto la Armada como el Ejército de Tierra y el Mando Aéreo, informan con precisión de cada movimiento sospechoso que se produce en la cornisa africana.

Los medios tecnológicos (Hispasat) y los dossieres de los operativos de inteligencia (CNI y DSN) están al servicio de Canarias como plataforma atlántica imprescindible para la seguridad atlántica del espacio aéreo y marítimo junto a los 2,2 millones de residentes y los 16 millones de visitantes (extranjeros en su mayoría).

Por lo tanto, Canarias es, por antonomasia, un territorio completamente seguro y fiable. Ahora bien, la madurez de una sociedad vertebrada se mide por su capacidad de análisis para saber que detrás del muro de arena del Sáhara Occidental (la berma, 2.000 kilómetros de arena) o de los campamentos de desplazados malienses (más de 100.000) ubicados en la frontera mauritana, habita un enemigo radical, intransigente y sanguinario que podría alterar el estatus quo del Magreb (Marruecos y Argelia) y de los países subsaharianos como Mauritania, Senegal, Gambia, Bissau o Conakry.

Marruecos y Mauritania están condenados a frenar la embestida de Al Qaeda y todas sus filiales sahelianas. Asumirlo desde nuestra perspectiva contribuiría a rebajar la tensión generada por otros contenciosos prolongados en el tiempo, de los que Canarias ya ha pagado con creces su factura económica, como la cesión del banco pesquero y de la producción hortofrutícola.

El miedo paraliza, sí, pero conocer el origen del mal nos hace más fuertes.