La expresión «tanques por mantequilla», que corresponde a la línea informativa del periodista económico José Antonio Vizner (Negocios TV, en la plataforma de Movistar+), ilustra el estado de mentalidad o entorno bélico que acaban de activar Alemania y Francia, los dos países motores de la Unión Europea, con el azote de Estados Unidos sobre un probable enfriamiento de la OTAN si los Estados comunitarios no amplían el presupuesto en Defensa ante un enemigo común: Rusia.
Las declaraciones de Emmanuel Macron, presidente francés, avisando de las amenazas de Vladimir Putin, ha enervado a Moscú. La respuesta del Kremlin no se ha hecho esperar: «El escudo nuclear de Francia es un problema». A la vez, Europa abraza la idea del rearme: “Nos enfrentamos a un peligro claro y debemos ser capaces de defendernos”. Berlín, por su parte, da un paso al frente para que nadie se lo tome a broma: destina medio billón de euros a seguridad y avisa que no cubrirá el endeudamiento del resto de países de la UE.
En ese escenario de guerra, a países como España sólo les queda una salida para redoblar su inversión militar y llegar al menos a 50.000 millones de euros sobre los 12.000 millones actuales, que incluyen los sueldos de las Fuerzas Armadas. Esa opción se llama, a criterio de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, reducir la asignación de pensiones, sanidad y educación. «La UE gasta al menos un cuarto de sus cuentas en programas sociales y sanitarios. Sólo pedimos que la UE haga un esfuerzo para reforzar la seguridad y garantizar la defensa de las futuras generaciones», subrayó el alto mandatario de la Alianza Atlántica y ex primer ministro holandés hasta 2024.
En el fondo del escenario figura Ucrania, invadida dos veces por Rusia: en 2014 en la región de Crimea y en 2022 en el Donbass. Estados Unidos ha suprimido las operaciones de inteligencia con Kiev y va camino de retirarle toda la ayuda militar, tanto en armamento como en logística. El fracaso en el despacho oval sonó a teatrillo entre Zelensky y Trump, con el ánimo quizá de forzar a Europa a salir de la atonía. La reacción ha sido inmediata en la figura de Macron, con el posible envío de tropas a territorio ucraniano.
De nuevo, el Gobierno de Putin lo ha entendido como una agresión. «Lo interpretamos como una declaración de guerra».
La Comisión Europea se ha quedado casi muda, al asumir que se acaba de abrir una brecha. Hungría ha sido la primera en salir al paso, con su negativa a respaldar por más tiempo a Ucrania. La mandataria de los 27, la germana Úrsula Von der Leyn, anunció una macroinversión de 800.000 millones de euros en política militar, tirando de los 200.000 millones de euros en activos rusos que se encuentran congelados en los bancos europeos como sanción a Moscú.
En la cumbre de emergencia de este jueves, los europeos debaten a salto de mata un nuevo plan de defensa, el más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial, lo que demuestra que si el encuentro entre Zelensky y Trump hubiera discurrido sin tensiones, la UE seguiría instalada en el conformismo mientras los civiles fallecidos y heridos en Ucrania superan el millón.
Ahora bien, Europa choca contra su peor pesadilla: cómo financiar la guerra, o sus preparativos. Alemanía insiste en que cada Estado aguante su deuda. Y junto a Hungría, Eslovaquia (que reclama a Ucrania provincias anexionadas) no asumirá un euro más de ayuda a Kiev.
A media tarde del jueves, Bruselas presionaba a Budapest con más fondos si levantaba la pierna del freno, mientras el resto de los Estados bálticos pide que Ucrania se adhiera a la UE, pero no a la OTAN. Para bajar la tetosterona, Polonia (traumatizada con las invasiones históricas de Rusia) suavizó el galope de armamento nuclear espoleado por Macron. «No es una prioridad». Las divergencias son tan dispersas como confusas.
Si no se envían fuerzas de paz, Zelensky entregará toda la minería de tierras raras a Estados Unidos y así sucesivamente, un carrusel de voces discrepantes sin salida clara. En medio, España ve cómo la Agenda 2030 (el Estado de Bienestar convertido en un nirvana de ayudas públicas) se evapora hasta el punto de que altos dirigentes progresistas del Parlamento Europeo lo observan ya como «una quimera».
Y para muestra un botón. Uno de los principales reactivos de los explosivos que portan los reactores Eurofighter (de las fuerzas aéreas españolas), se fabrica sólo en Estados Unidos, y no en Europa porque las políticas de protección medioambiental lo prohíben. En parte, esa regulación comunitaria influye en la antigüedad de los recursos militares de manera que se utilizan aparatos de tercera generación cuando otros países, como el Reino Unido, han encargado ya cazas de quinta generación. «España acusa un gran desafío y llegamos cada vez más tarde porque nos dedicamos a promover programas como la Agenda 2030, que están fuera de la relidad desde que Rusia invadió Ucrania para quedarse».




























