
Mucho ha llovido desde 1975, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas lo proclamó oficialmente Año Internacional de la Mujer. Es cierto. Pero aún hay mucha sangre si miras hacia donde se pone el sol y sueltas el tambor de la batucada festiva. Demasiada. Nombres de mujer que sueñan con meses blancos, y no violetas.
Seamos claros… No hay mareas para ellas, sino desiertos de olvido en los que se ahogan sus gritos mechón a mechón de cabello, mientras aquí cerca el silencio las ahoga votando si debe o no permitírseles el ‘hiyab’ y demás velos que, no lo olvidemos, usan sólo las féminas.
Demagogia demócrata de ‘progre’ que olvida que hace casi una década que las mujeres iraníes empezaron a despojarse una vez por semana de él (los #WhiteWednesdays), costándoles la vida colgadas desde una grúa. Eso sí, violadas escrupulosamente antes, para que no mueran vírgenes (no sea que, después de todo, entren en el paraíso). Melika Azizi, condenada a muerte está a la espera de ese destino desde final de enero de 2026.
Pero qué es luchar a esta distancia, realmente… Dónde estaban estas mujeres de pañuelo violeta para alzar la voz por ellas, frente a los ‘Ayatolas’, antes de que empezaran a caer los misiles a sus pies de civiles, como las 175 niñas de la escuela de Minab, en el sur de Irán.
Y dónde están las acciones internacionalmente violetas (o quizá, violentamente internacionales), para que las niñas afganas vuelvan a la escuela después de Sonita Alisadeh, la niña de 15 años que ganó su libertad y su vida con un rap (‘Novias en venta’),que la libró del matrimonio con un hombre que había pagado a su familia por ella.
No volveré a hablar, de nuevo hoy, de Masha Amini, iraní muerta a manos de la policía de la moral por llevar mal puesto el maldito velo, porque me lloro toda. Porque todas ellas, aún sabiéndose ovejas, renunciaron a ser lobas. Porque eligieron gritar en vez de cambiar de móvil. Y porque alzaron la voz para cambiar las cosas en vez de ponerse unas gafas lilas.
Mujeres mirando mujeres, no siempre. La verdad sea dicha… El lema de este 2026 par el #8M era “Dar para recibir”, pero quién daría realmente su vida por vivir. (Quién se acuerda de las mujeres combatientes kurdas caídas en su lucha contra el Estado Islámico). En toda el área del Golfo Pérsico, donde ahora resuena la guerra, todas la darían. Pero qué damos por aquí, además de pedir, en primer lugar, para nosotras mismas.
Recordemos que, como Simone de Beauvoir dijo: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”. Colectivamente, sin género de dudas. Sin dudas en el género o por el género.
No hay camino para la igualdad, la igualdad es el camino… ¡Vamos!
























