Freddie Mercury. Leyenda. Mito. Rey o reina. Ambos, sin duda. La voz del ‘love of my life’ de muchos. Instantes de vida para casi todos. Y todos distintos. Vivida o aún por vivir…qué más da.
Freddie Mercury tenía ‘Duende’, dirían los andaluces. Lo tenía. Y no sabemos bien cómo llamarlo. Sólo admirarlo. Seductor por su talento y maestro por aclamación.
Quiso liberarse y logró que una aspiradora nos pareciera sexy a todos. Virtuoso a la primera canción, Dios supo que sería libre a la primera estrofa.
‘He wants me to break free’ y sí, lo soy desde la primera vez que lo escuché. Se rebeló revelándose tal y cómo era. Hasta el punto de que el maestro Béjart, historia y leyenda de la danza, dedicó una pieza a su recuerdo y el de Jorge Donn (bailarín fallecido de su compañía).
Ambos murieron de sida a la misma edad (45 años). ‘Le presbytère’ fue un éxito rotundo sobre los escenarios y contó con la música de Mercury, junto a la de Mozart. «Eran dos personalidades muy diferentes, pero con un mismo deseo de vivir y de mostrarse», explicó Béjart allá por el 2001 en su estreno.
Hoy tendría 80. ‘Deseo de vivir y de mostrarse’. Rotundamente cierto. Freddie Mercury manifestó su deseo de cantar junto a Monserrat Caballé y lo logró. su himno sonó en las Olimpiadas de Barcelona’92.
Pero Béjart, tan provocador y polémico como el propio Mercury, lo rescató una vez que su voz calló. ¿Calló? Jamás. ¿Acaso se apaga el cielo cuando el sol se pone cada día?
Una vista sobre el Lago Leman que este coreógrafo marsellés divisaba desde su chalet en Montreux resultó ser la misma imagen escogida para la portada del disco póstumo de Freddie Mercury con Queen: ‘Made in Heaven’ (Hecho en el cielo).
«Soy muy sensible a ese tipo de coincidencias», diría Béjart entonces. Recuerdo como frase simbólica de aquel ballet la que pronunciaba un bailarín dirigiéndose al público.
Sentada entre tantos, en el Liceo de Barcelona, resonó dentro de mí y aún hoy lo hace con la misma intensidad. “Nos dijeron: ¡Haced el amor y no la guerra! Hemos hecho el amor, pero ¿por qué el amor nos hace ahora la guerra?”.
La muerte llegó para muchos a través del amor. Y fue para todos un duro descubrimiento. Aquel escenario se llenó entonces de la misma energía que desplegaba Mercury, de la fuerza de su música y del estímulo único que era su voz.
Ese mismo torbellino de personalidad que le llevaba a hacerse notar y, 15 años atrás, ponerse aquella chaqueta amarilla…70.000 pares de ojos lo observaban entonces en Wembley.
También los míos al otro lado de la pantalla de uno de aquellos televisores ‘de culo’. A mí me bastaba entonces. Estaba descubriendo entonces mi primer ‘directo’ de aquel seductor de todos/as.
Aquel personaje futurista, pero en blanco y negro, del ‘vídeo-clip’ de ‘Radio Ga Ga’, o la feminista más ‘trans’ que se había visto hasta entonces sin soltar la aspiradora ni renunciar al peinado de ‘Jackie’.
Es cierto que el tiempo no espera nadie. Pero también lo es que el ‘show continúa’ desde aquella chaqueta amarilla.
NR: Artículo publicado en Espiral21 por Nadia Jiménez, en 2017.

























