Demetrio Carceller, presidente de Damm y Disa y uno de los máximos accionistas de Sacyr.

De una gran operadora a otra. Disa pulsa con Endesa la compra de la comercializadora energética Energía XXI en Canarias.

La filial de Endesa para la venta de energía cuenta con unos 400.000 clientes en el Archipiélago. Los reajustes en el grupo forman parte de los planes de ahorro del Gobierno italiano, máximo accionista de Enel, la matriz de Endesa.

Cuesta trabajo entender por qué se decide en Roma, en la sede del Ministerio italiano de Economía, una operación empresarial vinculada a los sectores estratégicos de Canarias. La respuesta es obvia: «Globalización», explican fuentes institucionales consultadas por este periódico.

Pero detrás de la venta de Endesa a Enel se esconden razones geopolíticas donde España perdió la joya de la corona de las compañías públicas para favorecer, a cambio, la adquisición de Telecom Italia por Telefónica. Jamás cuajó por decisión personal de Silvio Berlusconi. En cambio, la eléctrica sí voló a Italia y, ahora, con el Gobierno de Giorgia Meloni se gestiona con mano de hierro.

Un sindicalista de Comisiones Obreras bromeaba estos días, a preguntas de Espiral21, que «hasta para comprar un taco de folios debes consultarlo primero a Roma. Hemos cedido nuestra autonomía más elemental».

Pero por encima de las diatribas soberanistas, está la cuenta de resultados y, aunque la ganancia de Endesa es astronómica (cerró el primer semestre de 2026 con un beneficio neto de 1.470 millones de euros, un 41% más), «pesa el lastre de una infraestructura anticuada y muy regulada por el Administración imposible de esquivar».

Las tres patas del negocio (generación, distribución y comercialización) valdrían en torno a 200-300 millones de euros, según las estimaciones que se establecieron hasta 2015 por el Gobierno de Paulino Rivero (CC) cuando se tanteó la adquisición de la compañía por 200 empresarios que materializaran mil millones de euros a razón de 5 millones cada uno proveniente de las dotaciones de la Reserva para Inversiones. «Se trataba de una cantidad para comprar y modernizar todo un sistema obsoleto que cuesta muchísimo».

La propuesta del Gobierno nacionalista de esos años buscaba, además, sortear una restrictiva norma del ex ministro canario de Industria, José Manuel Soria (PP), que trató de fomentar la competencia entre operadores.

Tras la polémica con las prospecciones de Repsol entre Canarias y el Estado, los empresarios elegidos dieron un paso atrás y la operación Endesa quedó en un cajón en los siguientes gobiernos.

En julio de 2026, con la reasignación de nueva potencia eléctrica a otras firmas como Sampol, Endesa trata de justificar un cambio de actitud que convenza a posibles pretendientes y limitar así una pérdida de valor en los activos por la irrupción de la competencia. En este contexto, quien primero ha movido ficha es Disa, interesándose por la comercializadora de las Islas. «Sólo ha habido tanteos, que tampoco son nuevos, pero que ahora, con el nuevo marco regulador, pueden prosperar», según fuentes del sector energético.

Si prosperaran las conversaciones con una oferta económica real, la petrolera Disa tendría que someter cualquier acuerdo previo a la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia para evaluar riesgos de concentración. «De una manera u otra, el partido ha comenzado a jugarse con clubes de peso».

La antigua denominación Endesa Siglo XXI corresponde actualmente a Energía XXI. En Canarias existen aproximadamente entre 350.000 y 400.000 clientes en el mercado regulado, y la inmensa mayoría de ellos pertenece a Energía XXI debido a que Endesa es el operador histórico dominante en el territorio insular. Cerca del 35-40% de los hogares canarios permanece en la tarifa regulada PVPC (Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor), operada por Energía XXI, mientras que el resto se encuentra en el mercado libre, donde la marca comercial de la compañía es Endesa Energía.