Papa Fco, peli
Francisco, fotograma de la película interpretada por Dario Grandinetti.

Por Nadia Jiménez Castro

Una furtiva lágrima puede ser el comienzo o el final de las grandes historias de amor. Pero no sólo de éstas. Suele ser señal de una gran historia. Sin más.

Cuando Donizetti compuso este ‘aria’ para tenor, en su ópera “L’elisir d’amore” (1832), tenía una certeza. Sí, se puede morir de amor. Vivir o morir por amor. No hay sentimiento más grande ni más intenso. Tampoco más imprescindible.

Y el director y guionista Beda Docampo Feijóo así debió adivinarlo al asomarse a la vida del jesuita Jorge Mario Bergoglio. Eligió este ‘aria’ para presentarnos al adolescente que descubre su vocación religiosa, en la primera película no documental sobre el Papa Francisco, ya estrenada.

‘Francisco’ retrata con cercanía la vida del actual Papa, desde que era sólo un muchacho hasta el cónclave del 13 de marzo de 2013, que lo convierte en el nuevo pontífice de la Iglesia católica.

Conocemos al ‘pibe’ que veía a las chicas como lo más ‘relindo’ de la Creación, al tiempo que decidía que la medicina del alma era más importante que la medicina del cuerpo. Al joven hijo de inmigrantes italianos que escuchaba ópera en el almuerzo, gracias a la madre. Y que descubrió a San Francisco de Asís gracias a su abuela Rosa.

Ambos alimentos serían esenciales en la personalidad de Francisco. Quedó claro en el mismo instante de su proclamación como Papa. Al anunciar la elección de su nombre desde el balcón central de San Pedro, ya avanzó cuál sería la senda de su labor pastoral.

Darío Grandinetti está soberbio en el papel de Francisco. Justo y comedido, sobrio pero cercano…Tan cercano, que uno siente real cada palabra. Papal, debo decir. Pero propia. Sobre todo, propia. Casi identitaria, en la esencia y en la forma. Con esa sencillez de la que ha hecho gala Francisco desde el minuto uno.

El planteamiento del film es dinámico. Nos muestra a Bergoglio a través de la mirada de una joven periodista española y agnóstica, que se topa con el personaje sin buscarlo. (Silvia Abascal) Enviada por sorpresa a Roma para cubrir el anterior cónclave de 2005, del que Benedicto XVI salió Papa, conocerá al ‘Padre Jorge’ en el ‘Leonardo express’ (el tren que conduce desde el aeropuerto de Fiumicino a la estación central de Termini).

Hija de una cantante argentina de tangos que conquistó el corazón de un inmigrante español en un bar del barrio de San Telmo, Ana reconocerá enseguida al arzobispo de Buenos Aires. Muy admirado por su madre, católica.

La cercanía y humildad de este ‘padre’ que cojea y le rechaza un taxi compartido, eligiendo el ‘colectivo’ (bus) para llegar hasta el Vaticano. La templanza de este hombre cansado pero vitalista, que arrastra su maleta vieja y su verbo directo, que le habla del Espíritu Santo, le tocan el corazón hasta remover su intuición.

Será su labor de investigación sobre el personaje la que nos conduzca en un ‘feedback’ continuo por la vida de este jesuita testarudo e idealista, que en Buenos Aires trabajó a pie de calle en la periferia. Su pastoral se larvó en el extra-radio bonaerense, en las ‘villas de emergencia’, luchando contra la droga, la esclavitud laboral, la prostitución y, sobre todo, la corrupción. Allá donde ésta estuviere, sin retroceder escalones.

La ayuda al necesitado fue su afán diario y no sólo su evangelio. Pero este hombre culto y de barrio a la vez, que escuchaba ópera mientras leía, además alzó la voz contra los atropellos de la dictadura y ayudó a muchos a escapar de la represión durante la dictadura de Videla.

Una vida basada en la austeridad y la caridad, llevada a la práctica en el día a día y retratada ahora fielmente en una película franca y entrañable, que nos acerca a un personaje de por sí cercano. ‘Francisco’ convence y conmueve, pellizca el alma del mismo modo que el corazón. Da esperanzas.

Recuerda momentos reales vividos por los que allí estuvimos el 13 de marzo de 2013, aquella nueva ‘fumata negra’ de la mañana gris, la gaviota posada en la chimenea en aquella fría tarde y lluviosa, vaticinando la ‘fumata blanca’ más revolucionaria… Y la sencillez de un hombre que nos pidió una oración. Los paraguas se cerraron y hasta la lluvia calló entonces.

La relación entre la periodista y el padre Jorge es el hilo conductor de una vida que ya entró en la historia. Acariciada desde el primer instante por esa calidez, buen humor y osadía en su saber, nos recuerda aquello de que “nadie sabe lo que hay en la cabeza de un jesuita”. Sólo Dios…Acaso.

“En el Vaticano a veces es más fácil perder la fe que encontrarla”, espeta Francisco cuando otros lo ven ‘papable’. Se diría que muchos han vuelto a encontrarla con él. Francisco es #TM, Tendencia Meridian de la semana.


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