
“Sórdido secreto de Estado” que sabe a sal para aquellos que perecen por ella. La muerte sabe a sal para quienes se echan al mar buscando la sal de la vida…
Momento relevante el de Fernando Clavijo cuando alude a la ruta canaria de la migración, la más peligrosa, aunque Sánchez la olvide. Por quedarle lejos, sin duda, no la siente propia. (Por quedarle cerca a Marruecos, también, sin duda).
Inmensa palabra, la libertad, cuando aún se sueña con ella… Parten sedientos, se embarcan sedientos y mueren sedientos. No abandonan su sueño salvo para bebérselo.
Y no a sorbos. Hasta ahogarse en él. Pues, víctimas de otros pescadores de hombres, se enredan entre los nudos de esos funestos ‘barqueros’ sin nombre ni rostro propios. Es la ruta de la vida que, de manera siniestra, apuesta por la muerte y acaba en ella.
Así los sueños rotos de muchos flotan en el aire… Y en el mar. Almas perdidas que jamás alcanzan la orilla de sus sueños, a veces, ninguna otra. Tumba común que huele a mar y a más mar. Más allá del Mediterráneo.
El Gran Azul del Atlántico… Una tumba a mar abierto de más de 700 seres humanos en el primer trimestre de este año, y un saldo de 200 desaparecidos en un último cayuco más en estos días, donde nuevamente sus vidas se manejan entre cifras. Poco más.
Pasado, presente y futuro para una travesía de sueños rotos por la que perderse, nombres olvidados para unas Ilusiones que se funden en el mar. Y corren desde la infancia, cuando aún se pintan de colores. Sí, corren, porque no saben nadar.
Aunque ésta termine de azul oscuro casi negro, porque le siguió la noche a lo que quedaba del día en que zarparon juntos. Pero no importa. No toca. No entra en agenda, no en la circular de una década y fecha en el calendario.
(Como antes otra le pusiera nombre marinero desde la proa, sin mirar lo que llevaban detrás en la popa).
Y aquí en la orilla de la ruta canaria, nuestra orilla atlántica, la noche aún huele a vida… La muerte sabe a sal, y no es nuevo. Y sí, parece “un sórdido Secreto de Estado”, como dijo Clavijo en su discurso de investidura. En el mar, la oscuridad.
























