
Sin Tierra en Brasil es hablar de lucha y de sufrimiento. Pero también de logros, al menos después de que llegara al poder Lula da Silva para darles voz.
Sin embargo, 20 años después de la matanza de Eldorado dos Carajás y casi en la misma fecha, perpetrada contra ‘los sin tierra’, asistimos al mismo aplastamiento. Pero esta vez ‘democráticamente’.
Se da la circunstancia de que el líder del PMDB (Partido del Movimiento Democrático brasileño) en el Senado, Eunício Oliveira, es también el aspirante a presidirlo en 2017.
Pero además, quien ha sido compañero y principal aliado legislativo de Dilma Rousseff en este segundo mandato, podría ser el ‘relator’ de su proceso de destitución.
También fue ministro de Comunicaciones de Lula. Pero, recientemente, rechazó asistir a una reunión con el ex presidente Lula Da silva…Que nada se interponga en sus planes de futuro, parece ser su prioridad.
Y hablaríamos tan sólo de traición en vez de aplastamiento ‘democrático’, si no fuera porque se da también la circunstancia de que Oliveira sería el político con mayores bienes registrados en Brasil, entre todos cuantos aspiraron a gobernar un estado en las pasadas elecciones.
La hacienda Agropecuaria Santa Mônica, con más de 20.000 hectáreas y a sólo 150 kilómetros de Brasilia (estado de Goiás), está ocupada parcialmente por el MST (Movimiento Sin Tierra).
Santa Mônica, calificada por las autoridades como productiva, pertenece al mismo Eunício Oliveira…Curiosamente, la ministra de Agricultura Kátia Abreu, decía en una entrevista al diario ‘Folha’ de São Paulo, que ya no había latifundios en Brasil.
Extraños compañeros de viaje los de Dilma, quien no incluyó el tema de la reforma agraria en la campaña electoral que la condujo a la reelección como presidenta.
Así, su nueva composición de gobierno incluía nombres de la “bancada ruralista”, como se conoce en Brasil a los parlamentarios vinculados al todopoderoso sector de la agroindustria.
Y eso que los movimientos sociales siempre tuvieron la esperanza de que Rousseff, del Partido de los Trabajadores como su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), abanderase la democratización de la tierra.
Pero su política económica se enfocó hacia los incentivos a la agroindustria, la minería y los grandes proyectos de infraestructura. Brasil se mantiene como uno de los países del mundo con mayor concentración de tierras.
Unos 200.000 campesinos siguen sin tener aún una parcela donde cultivar. Durante el período de Lula, en torno a 600.000 familias se asentaron en nuevas parcelas. Mientras que en el primer mandato de Dilma cerca de 30.000. El peor dato en 20 años.
Veinte años nos empujan a hacer memoria, porque justamente estos días que se debate el ‘impeachment’ de Dilma Rousseff, se cumple un macabro aniversario que atañe al MST (Movimiento Sin Tierra). Y que Amnistía Internacional conmemora con una exposición fotográfica de João Ripper.
El 17 de abril de 1996, 19 trabajadores rurales pertenecientes al movimiento ‘sin tierra’ fueron asesinados por la policía militar brasileña. Les cortaron el paso. Sucedió en Eldorado dos Carajás, en el estado suroriental de Pará, Brasil.
Aunque cueste creerlo desde la óptica de cómo era la vida en España en 1996, el crimen sigue impune, 20 años después. João Roberto Ripper (Río de Janeiro, 1953) fue el único fotógrafo que pudo documentar el proceso de investigación.
Las fotos en blanco y negro de Ripper hablan por sí solas del duelo y el drama populares. Las autopsias desvelaron que al menos 10 de los fallecidos fueron ejecutados violentamente.
Jamás hubo una investigación completa sobre lo sucedido, pese a las reclamaciones de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) de Marabá, Pará. Pero no fue un hecho aislado, más de 270 personas han muerto desde entonces. De hecho, 2015 registró la cifra más alta de muertes en conflictos por la tierra en la última década (50 asesinatos y otras tantas tentativas).
Y no sólo trabajadores rurales, sino también abogados o líderes religiosos. Eldorado dos Carajás es, sin embargo, un símbolo en Brasil. Tanto de la lucha por el derecho a la tierra y a sus recursos naturales, como de impunidad.
La naranja está abierta en Brasil, de nuevo. Esta vez sin la legalidad de las urnas, pero el jugo manará de donde siempre, aunque las decisiones se tomen en Brasilia. Muy lejos de los estados del sur.
En declaraciones a Meridian de María S., una de las principales activistas del MST en Foz do Iguaçu, estado de Paraná: “Al menos desde la llegada de Lula al Gobierno, tuvimos voz. Temo que volvamos a quedar silenciados si el cambio no viene de las urnas«.
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