
Miles de personas acudieron este año al santuario de Santa Rita, en Casia, la pequeña ciudad italiana alojada en el centro del país que acoge cada año su festividad. En Las Palmas capital, Santa Rita es venerada en la iglesia de San Agustín, aunque ya no reparten las rosas por los protocolos del Covid, y también en la iglesia de La Luz, en el Puerto, donde la parroquia, en cambio, sí hace entrega de una flor a cada asistente. El papa León XIII la declaró santa el día 24 de mayo del año 1900.
De ahí que con motivo del 125 aniversario de su canonización, el prior general de la Orden de San Agustín, Alejandro Moral, transmitió a los fieles un mensaje del Papa: «Me pidió que les enviara su saludo y sus oraciones». La celebración fue presidida por el cardenal Baldo Reina: «Hoy, preocupados por lo que sucede en todo el mundo, por tantas guerras que no cesan, pedimos el don de la paz y la fraternidad».
Cientos de personas estaban presentes en la Misa y miles, apretando en sus manos, las rosas, flores simbólicas de Santa Rita, unidas al milagro de la extraordinaria floración, en pleno invierno, en su ciudad natal, Roccaporena, que recuerdan también, con sus espinas, las dificultades vividas y, con su perfume, sus virtudes.

Tal y como relata Vatican News, a las vicisitudes de Rita a las se refirió el cardenal Reina en su homilía, recordando las adversidades de su vida, su «matrimonio difícil», su «marido asesinado», sus «dos hijos muertos» y luego la «vida religiosa finalmente abrazada, pero con tanto sufrimiento y el sufrimiento que luego la acompañó, con la espina, hasta el final de su vida». “Habría podido utilizar otro mal y quizá incluso habría tenido la aprobación de los demás, pero prefirió un camino distinto, prefirió un camino del Evangelio, prefirió perdonar”, afirmó el cardenal.
Permanecer en Cristo, en su amor, “como el sarmiento en la vid”, así se puede vencer el mal según el cardenal Reina. “Quien reside en Dios no puede ser deshonesto. Quien reside en Dios no puede despreciar al débil, al huérfano, a la viuda, al forastero, porque en Dios siempre hay bondad”, enfatizó, explicando que “el secreto de Rita era precisamente este: siempre permaneció en Dios”. “Santa Rita era una mujer llena de alegría, incluso en tiempos difíciles”, concluyó el Vicario de Roma, esperando que desde Casia “irradie el aroma de la santidad, la fraternidad y la bondad”.



























