
Edgar Rimaycuna es el secretario del Papa León XIV. En este mes de junio, se alojó en el Obispado de Santa Ana, un inmueble situado a cinco minutos a pie de la ermita de San Juan Bautista, uno de los templos más antiguos (siglo XVII) de la capital grancanaria que rinde tributo al santo que da pie a las fiestas fundacionales de la ciudad.
Edgar Rimaycuna, además de formar parte del núcleo central del Pontífice, está considerado un influyente biblista peruano que acompaña permanentemente al Santo Padre. En sus escasas apariciones en prensa, ha reconocido que sus dos santos de referencias son aquellos que se caracterizaron por su silencio (San José) y por su discreción junto a la figura de Jesús (San Juan Bautista).
San Juan, por tanto, es más que un barrio un tanto olvidado por la autoridad municipal de Las Palmas. Sin embargo, esa amnesia política no le ha restado ni una pizca de riqueza emocional y social a sus residentes, convertidos en héroes y heroínas de una autenticidad que da ejemplo en la efeméride de su Santo de referencia, volcándose en los oficios litúrgicos y religiosos, como la procesión con la imagen de uno de los grandes del Cristianismo.
En el recorrido del paso, acompañado de una banda de tambores y cornetas y por el sacerdote, canónigo y doctor Luis María Guerra (uno de los más cualificados de las diócesis canarias), participaron unas 200 personas por las calles estrechas e intimistas del barrio, cuya volumetría ha sido fuente de inspiración para multitud de artistas plásticos.
La ermita fue restaurada en 2008 por el Cabildo de Gran Canaria, convirtiéndose así en un lugar de visita para el turismo e, incluso, de peregrinación para los creyentes ante el alto valor arquitectónico como bien de interés cultural y religioso.
El retablo barroco del presbiterio, del siglo XVII, hace un guiño en el tiempo al propio Edgar Rimaycuna, ya que el lienzo de la Virgen de la Antigua está flanqueado por las imágenes de San José y de San Juan Bautista. Y aún hay más en esta ermita tan señera de la ciudad. Dos lienzos de gran calidad plástica cuelgan de los laterales. Uno, de San Miguel Arcángel; el otro, de San Nicolás Tolentino, uno de los santos de cabecera de León XIV.

































