Reino Unido, el principal emisor de turistas hacia Canarias, se hace fuerte en Marruecos a cambio de reconocr que El Sáhara Occidental pertenece a Marruecos.
El Gobierno laborista de Londres saluda la marroquinidad del Sáhara a través de gran plan de cooperación, como la contrucción de infraestructuras para el Mundial de fútbol, la compra masiva de tomates, la seguridad o la lucha antiterrorista
El Ministerio de Exteriores de Reino Unido, tras reunirse en Rabat con su homólogo marroquí, firmó un comunicado conjunto en el que expresa su apoyo al plan de autonomía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.
Además de Gran Bretaña, España, Francia, Alemania, Países Bajos y Estados Unidos respaldan la marroquinidad del Sáhara en medio de una intensa controversia internacional sobre la ex provincia española hasa 1975, a tan sólo 25 minutos en avión de las Islas Canarias.
En este contexto, Londres destacó necesidad de encontrar solución para esta disputa, «lo que permitiría fortalecer la estabilidad en el norte de África y favorecer la integración regional», según destaca la web corporativa del Departamento de Seguridad Nacional de España.
Se trata del primer pronunciamiento del Gobierno británico al respecto. En este documento también acordaron impulsar la colaboración en el ámbito político, diplomático, económico, cultural y de seguridad.

El Sáhara Occidental se mantiene en disputa desde hace 50 años a través de un expediente de descolonización en Naciones Unidas. Cuando el régimen del dictador Franco llegaba a su final, la diplomacia española abandonó el territorio frente a una movilización de 350.000 marroquíes que se conoció como la Marcha Verde.
El entonces rey marroqui, Hassan II (padre del actual monarca, Mohamed VI), asumió propio El Sáhara, iniciándose así una guerra con el Frente Polisario que dura hasta hoy. Los saharauis oriundos, partidarios de la independencia de España, se asentaron al Sur de Argelia, en pleno desierto, en Tinduf, en condiciones precarias por las severas condiciones climatológicas y la carencias de servicios básicos, sobre todo, de recursos propios (agricultura) o deconectividad.
Con este respaldo del Gboierno laborista de Starmer, Marruecos se ha posicionado como un socio comercial para Londres, sobre todo, la exportación de productos agrícolas a precios reducidos, como tomates, pepinos y pimientos.
Londres insiste estar ante «un escenario geopolítico tremendamente convulso, su papel también es esencial para la defensa y seguridad de Europa».

Para alcanzar la adhesión británica, hay que subrayar el resultado del efectivo lobby que Rabat viene ejerciendo desde hace tiempo en Westminster.
A final de mayo, Kenia (socio preferente del Sáhara Occidental), también expresó su respaldo a la propuesta presentada por Rabat ante Naciones Unidas en 2007 para implantar un modelo autonómico visto ahora por Londres como «la base más creíble, viable y pragmática para una resolución duradera de la disputa».
A cambio de mejorar su exportación agrícola, el apoyo británico se lleva a cabo a cambio de acuerdos comerciales, como garantizar a las empresas británicas lucrativos proyectos de inversión en el Mundial de fútbol de 2030, que comparte con España y Portugal.
El centro de estudios ‘Royal United Services Institute’ destacó el creciente papel estratégico de Rabat en la promoción de la estabilidad en esta región. «Como puente histórico entre el norte y el oeste de África, se encuentra en una posición privilegiada para actuar como fuerza estabilizadora, utilizando una combinación de herramientas diplomáticas, económicas y de seguridad para apoyar el desarrollo sostenible y la seguridad en el Sahel«.
Marruecos siempre vio el Brexit como una gran oportunidad. El país norteafricano se ha convertido en un proveedor clave para Reino Unido, situándose en 52ª posición como socio comercial a nivel mundial, sobre todo, después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea invalidara definitivamente en octubre dos acuerdos comerciales alcanzados entre Marruecos y la UE, la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM) contrató a la empresa danesa de relaciones públicas Rud Pedersen (RP) para ejercer presión en Bruselas.
La Cámara de los Comunes británica intensificó en mayo su debate sobre Marruecos, con especial énfasis, además, en atacar al Frente Polisario, presentándole como una organización terrorista con vínculos con Irán y Hezbolá.
Uno de los parlamentarios más críticos con el Frente Polisario es el conservador Andrew Murrison, quien en su día fue enviado comercial de Boris Johnson a Rabat y ahora es responsable del APPG Marruecos, uno de los grupos inter partidarios formados por parlamentarios que comparten un interés común. Son de carácter informal, pero pueden llegar a ser influyentes lobbies.
Murrison volvió a preguntar en Westminster sobre el Proyecto Energético Reino Unido-Marruecos, uno de los planes más ambiciosos en las relaciones bilaterales, advirtiendo que «si Reino Unido no da luz verde a este proyecto en un futuro próximo, otros países europeos sin duda lo harán». La empresa británica Xlinks ha diseñado de cable submarino de electricidad de 3.900 kilómetros para conectar ambos países.




























