Putin respeta a Kiev durante el desfile militar ante el Kremlin.
Moscú celebró el 9 de mayo sin armamento pesado como tanques por miedo a la lluvia de drones del Ejército ucraniano. Eso sí, Vladimir reprocha el «respaldo de la OTAN» y a la UE el respaldo sin precedentes dado a Ucrania.
Con la mirada de toda comunidad internacional, Rusia organizó su desfile del Día de la Victoria más modesto en años, debido a la amenaza de un ataque procedente de Ucrania, donde su ejército lleva más de cuatro años estancado. Vladimir Putin reiteró que la guerra era una “causa justa” y que sus hombres se enfrentaban allí a “fuerzas agresivas” respaldadas por la OTAN. Las bajas en el lado ruso superan las 300.000 sin incluir los 11.000 soldados norcoreanos que también han sucumbido bajo la artillería ucraniana.
Ucrania autorizó oficialmente a Rusia celebrar la marcha castrense como parte del alto el fuego en una tregua firmada por Zelensky. El hecho se considera histórico en la trayectoria de ambos países, incluso, desde el triunfo de la Revolución de Octubre en 1917.

El internet móvil no funcionó en el centro de Moscú y las calles de la capital estaban casi desiertas.
Estas conmemoraciones constituyen un evento importante que permite a Vladimir Putin, en el poder desde hace 26 años, evocar la victoria soviética y conseguir el apoyo de la población rusa a la campaña militar en Ucrania. Sin embargo, este año parecían estar amenazadas por los incesantes ataques de drones ucranianos sobre territorio ruso.
Tras dos intentos de tregua, primero ucraniano y luego ruso, que no se respetaron esta semana, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el viernes por la noche un alto el fuego de tres días entre Ucrania y Rusia a partir del sábado.
“Esperemos que sea el principio del fin de una guerra muy larga, mortífera y difícil”, escribió el presidente estadounidense en su plataforma Truth Social, precisando que el alto el fuego iría acompañado de un “intercambio de prisioneros de 1 000 detenidos de cada país”.
Inmediatamente después de la publicación del mensaje de Donald Trump, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aceptó el alto el fuego de tres días y ordenó al ejército que no atacara el desfile previsto en la Plaza Roja. Moscú también confirmó haber aceptado la tregua y el intercambio de prisioneros.
Rusia redujo la pompa de las celebraciones: por primera vez en casi 20 años no ha habido material militar en la Plaza Roja ni cuerpos de cadetes ni de escuelas militares.
El número de dignatarios extranjeros también disminuyó. Solo los líderes de Bielorrusia, Malasia y Laos, y el primer ministro eslovaco Robert Fico se desplazaron a Moscú, además de los de las dos repúblicas separatistas georgianas apoyadas por Moscú y no reconocidas por la ONU, según el Kremlin.




























