Mariana Vishegirskaya, una de las heridas en el bombardeo ruso a la maternidad de Mariupol, en 2022. Foto : AP/Chernov/Maloletka

Putin consolidó este fin de semana sus 25 años en el poder del Kremlin.

Las elecciones rusas, sin opositores y con observadores internacionales ad hoc, acreditan la perpetuidad de un régimen que inadmite discursos críticos, como la invasión de Ucrania.

Putin ha subido el tono ante la tentativa francesa de enviar tropas a territorio ucraniano. A partir de esta confrontación sorda pero grave, la escalada del conflicto está servida.

La Biblioteca Insular de Gran Canaria fue escenario del documental ganador del Oscar de Hollywood, ’20 días en Mariupol’, una obra de arte del periodismo aún a riesgo de la vida de sus realizadores.

Mariupol cayó tras 86 días de asedio ruso con más de 25.000 muertos y otras decenas miles desaparecidos y huídos de sus hogares. Hoy, Mariupol está devastada.

Y ocurre que, salvo las protestas de colectivos ucranianos (con escasa adhesión de locales), la tragedia de Mariupol ha pasado desapercibida para el activismo isleño, a diferencia de la contienda de Gaza, con el mismo número de víctimas.

Y ocurre también que el consulado ruso en Las Palmas capital está dos pasos de la legación norteamericana, a la que acudió un grupo de personas con protestas antisemitas sin que nadie haya levantado la voz por Mariupol o contra Putin por crímenes de lesa humanidad.

Y ocurre además que hubo una moraleja del destino. Los dos actos ocurrieron a la vez, el jueves 13 de marzo. A las 19.30 horas empezaba la película de Mariupol; a las 19.30 horas, la concentración ante el consulado de EEUU.

Mariupol se llevó el reconocimiento de una pieza documental que se aportará como prueba incriminatoria contra Putin en la Corte Penal Internacional.