Oriente Medio y la guerra ya tienen nombre: La batalla de Ormuz. El Estrecho del Golfo Pérsico que abriga la circulación del 20% del petróleo y gas mundial estalla por los cuatro costados. Irán atentó en la pasada noche contra dos petroleros con embarcaciones cargadas de explosivos, provocando llamas de considerable altura y riesgo de impacto medioambiental, además de ocasionar varios fallecidos y tripulantes desaparecidos.
La jornada bélica (la número 13) se desarrolla sobre Ormuz, con más de 3.000 barcos mercantes y petroleros atrapados en sus aguas; en las capitales de Irán (Teherá), Jerusalén-Tel Aviv (Israel) y Beirut (Líbano) y en los países árabes como Bahrein, Kuwait, Irak, Emiratos y Qatar.
La agresión mutua a base de bombardeos en todas las direcciones, se cobró esta madrugada una de sus peores pesadillas. Israel avisó que convertirá Beirut en Gaza (arrasada) si Líbano mantiene la cobertura sobre los terroristas de Hezbolá. Irán sometió a las ciudades israelíes a intensos ataques que pasaron, en algunos casos, la cúpula de hierro. Irak lamentó el atentado en su puerto de Basora, con dos petroleros ardiendo por proa y popa hasta el punto que se han cerrado todos los litorales de atraque y fondeo de buques, lo que da idea de que el régimen teócrativo de Jameini (hijo) quiere convertir la guerra en Ormuz en una trifulca global que afectaría a más de una decena de países.
Estados Unidos, mientras, asiste a un derroche de alegría con un mitin de Donald Trump que trata de rebajar, sin éxito, la tensión económica de los mercados. Pero, los informes de la inteligencia americana han llevado al Pentágono a suspender las escoltas militres a los petrolero a través de Ormuz.
Los informes estaban en lo cierto. Horas después, casi al caer la medianoche del miércoles, militantes de la guardia revolucionaria atacaban entre dos o tres petroleros que intetaban cruzar la única ruta marítima para salir del Golfo Pérsico.




























