José Mazuelos, obispo de Canarias.

Obispos canarios José Mazuelos y Bernardo Álvarez, afirman en una carta conjunta sobre la migración que «no se pueden crear guetos insulares«.

En la primera misiva de Mazuelos desde que asumió a comienzos de octubre su ministerio como obispo de Canarias, los altos cargos de la Iglesia Católica en Canarias proponen recordar «a los gobernantes europeos y al Gobierno español que no se pueden crear guetos insulares para evadir el problema migratorio«.

«Como afirma el Papa Francisco, en los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes. Concretamente, el Papa señala algunas ‘respuestas indispensables’ especialmente para quienes huyen de las “graves crisis humanitarias”: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social», expresan los 2 prelados en una carta que se leerá en las homilías del domingo 15 de noviembre, con motivo de la IV Jornada Mundial de la pobreza, que aspira a tender la mano a los más desfavorecidos.

Mazuelos y Álvarez reconocen «el profundo dolor y la impotencia de ver cómo muchos hermanos mueren frente a las costas de nuestros pueblos y ciudades sin que parezca que hayamos hecho lo suficiente para evitarlo«, y por ello, piden «trabajar contra la globalización de la indiferencia (…). Los inmigrantes son personas como cualquiera de nosotros, con nombres, historias y familias«.

La carta, con 4 folios de extensión, reconoce también el papel de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, además de personal sanitario y voluntarios de Cruz Roja, Cear o Cáritas. «Han sido auténticos ángeles de la guarda en medio de nuestros mares y sería deseable que esa humanitaria labor de socorrer y salvar vidas siga contando en nuestra frontera sur con un apoyo decidido por parte de los diferentes gobiernos«.

Los 2 obispos recalcan la necesidad de observar al emigrante con ojos cristianos, que «ven a un hermano con una vida marcada por el dolor y el sufrimiento que busca la esperanza de alcanzar una vida mejor. No podemos permanecer ajenos al dolor del hermano«.

«No debemos olvidar que solo cuando cese la injusticia actual del comercio internacional, cuando cesen las guerras inducidas en países con riquezas mineras, cuando los dictadores que expolian a su pueblo dejen de contar con la complacencia de gobiernos y empresas multinacionales, cuando cese el comercio de armas, la inmigración de ciertas zonas del mundo se podrá regular. Cuando se acabe con la injusticia actual la migración se moderará«, subrayan a lo largo de la primera reflexión conjunto entre ambos obispos.

«Hay que evitar migraciones no necesarias creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Como sabemos, también existe el derecho a no emigrar, y muchos de estos hermanos nuestros no iniciarían un viaje tan incierto si en sus pueblos y países se vivieran situaciones más justas«.