Mural de César Manrique en la retrospectiva que el CAAM ofreció hasta septiembre, espacio que contará con actividades este fin de semana.
Mural de César Manrique en la retrospectiva que el CAAM ofrecIó hasta septiembre, espacio que contará con actividades este fin de semana.

Museos, indispensables y necesarios. Memoria casi urgente, a veces. Decía Cicerón que “la vida de los muertos está en la memoria de los vivos”. Y así es, pues qué otra cosa, si no, son los museos… Verdaderos depósitos de toda la memoria vivida y compartida por tantos, ayer como hoy.

De ahí el oportuno lema que rige en esta ocasión el Día Internacional de los Museos. DIM 2019 se centrará en los nuevos papeles que desempeñan los museos como actores activos en sus comunidades.

“Los museos como ejes culturales: El futuro de la tradición”, ese pasado tan ineludible como imprescindible para avanzar… Esa memoria colectiva que es, en sí misma, enseñanza vital.

Este 18 de Mayo que se celebra desde 1977 para concienciar al público sobre el papel de los museos en el desarrollo de la sociedad, debe servirnos además de experiencia subjetiva a revivir todos los días del año, y no sólo uno.

Porque más allá de ‘moralinas’ vacuas en torno a la necesidad de dar a los museos esa importancia debida como una faceta más, tanto de la enseñanza como del ocio, está lo que lo que el ojo no ve… El alimento del alma.

Quién no ha experimentado alguna vez, más de una, ese estallido de vida que se aloja en la retina desde el primer instante en que cruzas el umbral de un museo.

Y que enamora, o no, como una ciudad en una primera visita, despertando un amor para siempre o cayendo en el olvido. Ello dependerá de tantos factores… pero jamás dejará indiferente.

Es la fuerza del color (a veces, su ausencia). También las imágenes o sus meras evocaciones en cada uno, pero sobre todo, del espíritu que hay detrás.

De la vida que bulle en ese interior, desbordante de sensaciones pero también de interrogantes. Un museo es un caleidoscopio abierto y orientado hacia el futuro, sin lugar a dudas. Siempre.

Decía Kandinsky, en su libro ‘De lo espiritual en el arte’, que “el alma es un piano de numerosas cuerdas. El artista es la mano que, a través del uso adecuado de una u otra tecla, hace que el alma vibre”.

Acaso no anhelamos todos que nuestra alma vibre con cada soplo de aire que respiramos… ¿No sería ese el estado perfecto para el espíritu? Diría que sí. Y que lo mismo con la risa que con el llanto.

Hacer de la vida un viaje por el arte como medio y como fin es, en definitiva, hacer del arte un viaje por la vida como medio y fin también. Celebrar la vida es celebrar el arte y entrar a un museo es, siempre, hacer cultura viva.

Después de todo, qué es verdadero y qué no lo es, en el arte como en la vida, si lo que importa son las impresiones facilitadas por los sentidos en cada momento.

Rostros cosmopolitas que aguardan haciendo cola a la entrada y conversaciones que se cruzan en las diferentes lenguas por las escaleras de esta torre de Babel que son el mundo, la vida y un museo. Cualquiera.

Cualquiera de ellos atestigua que así es, que no hay más patria que la del arte, porque ya no hay fronteras, sino redes. Ni mayor verdad que la de las sensaciones del propio ser que sabe obedecer al alma.

Así pues, con tantas puertas abiertas… ¡No te quedes en el umbral y crúzalas! Te aguarda el mundo y, con él, la vida misma.

Citando a Rimbaud: “Ah, que le temps vienne où les coeurs s’eprennent”. “Que llegue la hora en que los corazones se enamoren”.

(Este fin de semana todos los museos tendrán jornadas de puertas abiertas con motivo del Día Internacional de los Museos. DIM 2019)