Poli Suárez, consejero de Educación.

Que nadie piense que se va a romper el Gobierno regional, pero la salida por la puerta trasera de Fernando Miñarro en la Dirección General de Infraestructuras Educativas (adscrita al PP de Poli Suárez), merece una reflexión sobre los vasos comunicantes de la política y la economía.

Miñarro no es un verso libre, como él cree. El ex titular de Infraestructuras Turísticas ejerce de mero peón, a las órdenes de ASG, o sea, de Casimiro Curbelo.

Le dio lata, cartón y madera a la ex consejera de Turismo, Yaiza Castilla, hasta el punto de que hubo desacreditarlo en público. Para ASG, el agua no debía pasar de la orilla y la consejera acabó dejando la política a final de legislatura en un gesto dignificante; tampoco el PSOE salió en su auxilio, como mandaban los cánones de Ángel Víctor Torres.

Ahora Miñarro quiso operar con la misma facilidad en una cartera que supervisa la inversión en centros educativos. Pero el Gobierno de Fernando Clavijo exige mesura y lealtad en una coyuntura muy compleja, donde Canarias está sobrepasada por la migración y por los riesgos económicos de la inflación, los altos tipos de interés, el ascenso del petróleo y la incertidumbre de la guerra en Ucrania y en Oriente Próximo que podría detraer turismo.

Y para garantizar esa estabilidad, CC ha pasado a entenderse con el Estado; o sea, con el PSOE.

El tono de acuerdo migratorio con los ministros Escrivá y Marlaska; la delegación de voto a Manuel Domínguez en el Senado sobre la amnistía; o el tambor de pacto entre alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, con CC, demuestra que algo ha cambiado en el guión del Gobierno canario.

Casimiro Curbelo hizo el resto. Envió el motorista a Infraestructuras Educativas, y adiós a Miñarro.