Marrruecos se adelanta a España e, incluso, a Canarias, al depositar las responsabilidades de gobierno en una mujer. Desde hace unos días, Fatima-Zahra El Mansouri sonaba en las quinielas en medio de la fuerte contestación social por el escaso apego a las votaciones por parte de la ciudadanía. Dos de cada tres electores inscritos no votó (el 20%), la participación más baja de las últimas dos décadas. Los comicios dejaron dos imágenes casi opuestas: la posibilidad de un cambio simbólico en la cima del poder y, al mismo tiempo, una sociedad profundamente alejada de las urnas.
Desde esta semana, Fátima Ezzahra El Mansouri es la nueva primera ministra del Gobierno alauita. Se trata de un hecho histórico y su elección se produce después de que su partido PAM, de orientación liberal y centrista, obtuviese el liderazgo en las elecciones parlamentarias celebradas el 23 de septiembre. El PAM es el partido afín a la Casa Real. Su poder descansa sobre el cerebro gris del rey, Fouad El Himma, fundador de la formación política y principal estratega de las grandes líneas institucionales del país.
El monarca Mohamed VI recibió a Mansouri en el palacio de Rabat para trasladarle su decisión, seis días después de las elecciones.
«Es un momento histórico» y un «mensaje para todas las mujeres del reino», han sido las primeras palabras de Mansouri tras reunirse con el monarca. «Su majestad siempre ha tenido fe en las capacidades de la mujer marroquí y ha tenido fe en que la mujer en Marruecos merece respeto».
A sus 50 años, Mansouri, licenciada en Derecho, cuenta con una larga carrera política que la llevó a la alcaldía de Marrakech, la dirección del PAM y la cartera ministerial de Vivienda y Urbanismo en el Gobierno saliente de coalición presidido por el magnate conservador Aziz Ajanuch, a quien ahora sustituirá para el periodo 2026-2031.
Desde el inicio de su reinado, el monarca ha designado a mujeres en puestos que hasta entonces eran ocupados de manera exclusiva por hombres, entre ellos la consejera real Zoulija Nasri (1945-2015) o Zineb Adaoui como primera wali (gobernador regional) en el país.
Ahora, la líder del PAM tiene como misión negociar la composición de una mayoría parlamentaria. Los expertos no descartan que se reedite el Gobierno de coalición saliente, junto al RNI (centro-derecha) y el nacionalista Istiqlal (PI)
Mansouri, que se apellida igual que el jefe del servicio de inteligencia internacional, Yassine Mansouri, conoce bien el sistema político desde dentro. Hija de un pachá (vicegobernador) de Marrakech, se licenció en Derecho privado por la Universidad Mohammed V. Ha estudiado en Francia y en Estados Unidos y ha ejercido como abogada especializada en derecho empresarial.
Con 33 años de edad, asaltó la alcaldía de Marrakech e hizo historia al convertirse en la primera alcaldesa mujer de una gran ciudad de Marruecos. Más adelante asumió la coordinación del PAM y el Ministerio de Urbanismo en el último Gobierno de Ajanuch.
Los medios marroquíes la definen como «elegante, carismática y con gran presencia». No obstante, su carrera no ha estado extensa de polémica. La más sonada ocurrió en 2023, cuando medios locales de Marrakech publicaron la venta de un gran terreno familiar. La prensa la acusó de un posible conflicto de intereses, ya que por aquel entonces Mansouri ya era ministra. Su gestión en esta cartera fue criticada por parálisis de la vivienda social, proyectos autorizados en zonas inundables y retrasos en planes de ordenación urbana.
Este nombramiento abre una nueva era en la política marroquí, que se convierte en el segundo país árabe en tener una jefa de Gobierno tras Túnez. Aunque sobre el papel no existe ningún obstáculo constitucional que para una mujer ocupe puestos políticos en Marruecos, tan solo ocupan un 25% de los escaños parlamentarios. Su tasa de actividad laboral no llega al 20%.
Su nombramiento dará que hablar a los mandatarios religiosos. Por ejemplo, los hombres y las mujeres musulmanes deben rezar por separado, una tradición que a priori dificulta que Mohamed VI y la nueva líder del Ejecutivo ocupen espacio en ciertas fiestas religiosas.
Aunque no se espera que este nuevo Ejecutivo provoque grandes giros en las actuales orientaciones del país, esta nueva etapa estará marcada por la gran inversión que supondrá el Mundial de futbol que Marruecos organizará junto a España y Portugal en 2030. Sobre la mesa hay un paquete de inversiones de unos 20.000 millones de euros en infraestructuras, desde estadios a aeropuertos, pasando por transporte ferroviario y carreteras.
El desafío de este ya llamado «Gobierno del Mundial» será transformar esta inversión en crecimiento y empleo, en un país donde el sector privado no genera suficientes empleos sostenibles.

























