Marisol recibe el Goya de honor 2020 y tiene, como sólo ella sabe, el honor de no acudir a recogerlo. Como corresponde y punto. Lo cierto es que habría sido toda una decepción que, en esta ocasión, sí hubiera comparecido en una gala.
Marisol, primero el ‘rayo de sol’ de una España castigada/sometida, y luego la musa de la transición democrática en un país que salía de 40 años de una dictadura, se retiró de la vida pública hace ya mucho.
Porque Marisol es, por encima de todo, lo que siempre fue cuando al fin pudo serlo… Pepa Flores, en su Málaga natal.
Y es que no siempre le dejaron serlo. Una infancia casi robada a base de trabajo como ‘niña prodigio’ y esperanza sociológica de toda una sociedad, la española, que necesitaba creer en un fenómeno como el que ella representaba.

Está en la ‘tómbola’ de la memoria de todos, superando las diferentes generaciones, pero a costa de una gran contradicción en su propia vida.
Y sí, es cierto que Marisol subió de nuevo a las tablas junto a su hija Celia Flores. Sucedió en el Teatro Cervantes cuando Celia presentaba su disco en 2017… Pero fue Pepa flores quien subió, y lo hizo como madre.
De hecho, son dos de tres sus hijas, la actriz María Esteve y la cantante Celia Flores, quienes recogen el premio honorífico de los Goya por “sus inolvidables interpretaciones”.
Auténtica, como siempre, ella ha delegado ese honor en sus hijas, a quienes, afortunadamente, lesa tocado otro tiempo y otra España para desarrollarse como mujeres y como artistas. ¡’Chapeau’, Marisol!

























