Cruz de Malta, estandarte mundialmente famoso, cuelga en un edificio oficial de Valeta, junto a los balcones verdes típicos de la arquitectura maltesa. Foto: Espiral21.

#NuevaNormalidad que ni es nueva ni parece normal… Ahora que echamos mano de la memoria para poder olvidar que nada es como antes, nos damos cuenta de que al viajar como al soñar, en realidad, huimos de la normalidad.

Y por ello cuando partes de Sicilia, de isla a isla y tiro porque me toca, buscas una alternativa tan sorprendente como improvisada. Tomas un tren desde Siracusa, en el sureste siciliano, hasta la pequeña localidad de Pozzalo.

Con el ánimo de embarcarte en su puerto y de no abandonar bajo ningún concepto el Mar Mediterráneo (al menos, por ahora), saboreas una vez más un delicioso helado de pistacho siciliano y te subes al moderno Ferry que te lleva a otro país.

Y de paso, a otra isla… Malta. Te aseguro que no hay forma más bonita de llegar al puerto de La Valletta que en barco. Tu mirada siente que abarca la isla y no sé qué es más espectacular, si la visión de esta ciudad amurallada o la increíble maniobra de atraque cuando entra en la bocana y ves sus cañones en lo alto.

Valeta entra por los ojos cuando llegas por mar procedente de Pozall, Sicilia.

Tienes incluso la extraña sensación de que te aproximas a una maqueta, porque te resulta imposible estar aún navegando, girando a esa velocidad y ver las murallas tan cerca. Casi parece que pudieras sacar la mano por la cubierta para pasar los dedos, como un niño, por las piedras de estos viejos muros…

De pronto, crees de veras viajar en un ‘tiovivo’ y más vale que vuelvas a sentarte, porque ya estás en la embocadura de Malta, antigua colonia inglesa, y su frente de refugio amurallado te rodea por ambos lados. Y sin embargo, se mueve. Bienvenidos a Malta.

¡Prepárate para subir y bajar cuestas sin parar! Pero también para volver a enamorarte de Corto Maltés… Y es que con semejante llegada a puerto, cómo no caer rendida a los pies de un marinero en cada aventura.

Corto Maltés, el inmortal marinero vestido con parka ‘azul mar en la noche’ por Hugo Pratt para ensoñación de todos nosotros. Un viajero que despierta a la vida aquí, en Malta, en el puerto de La Valeta. Sucedió un día de julio de 1887.

Corto Maltés en una exposición internacional celebrada en Valeta, junto al a autora del reportaje. (Foto: Espiral21).

¡Gracias Hugo Pratt! Corto Maltés era hijo de un marino británico de Cornualles y de una gitana del sevillano barrio de Triana, ‘la Niña de Gibraltar’… Así que no imagino aquellos cañones disparando salvas en su honor.

(Pero sí que es cierto que suenan religiosamente cada mediodía, para deleite de todos los turistas, viajeros y ‘cortomaltesistas’).

La influencia militar y el aire religioso se respira casi al final de cada empinada calle, donde se mezclan los ambientes marineros y comerciales con absoluta naturalidad.

Y mientras piensas que desde cualquier balcón puede asomar un bastión de ‘vete tú a saber qué orden de los caballeros de no sé cuándo’, las cabinas rojas de teléfono que salpican de color este zoco entre colonial y genovés, te recuerdan su pasado inglés. (Y su fuerte influencia aún).

Valeta y sus empinadas calles que acaban en el mar, han recibido influencias de múltiples culturas durante siglos. Se independizó en 1964. Foto Espiral21.

Pero yo sigo buscando la dirección de Corto Maltés, porque los ‘luzzus’ multicolores de los pescadores malteses flotando en las aguas del puerto (con un Ojo de Osiris a cada lado de la proa), me invitan a ello.

Después de todo, el ambiente de los embarcaderos es el suyo. Y el de todos hoy, porque hasta el ‘Hard rock cafe’ tiene terraza y tienda allí. Malta parece no dormir y hasta Cristo tiene cuenta en las redes sociales.

Cuentan que otra gitana le quiso leer la mano a Corto en las calles de Córdoba, donde pasó parte de su infancia, pero se detuvo al ver que no tenía línea de la fortuna… Poco importaba, ésa se la fabricaba él y se embarcó.

Y es que Hugo Pratt (no lo olvidemos), es judío de origen sefardí que nació en Venecia pero viajó y vivió desde Etiopía hasta Buenos Aires. De modo que ¿cómo no iba a ser Corto Maltés tan romántico como irreverente para crearse una línea más en su mano?.

Enigmático maltés, parece que oigo los ecos en español de Corto, melancólico y solitario, audible sólo en los más estrechos callejones. En ésos en los que casi nunca se cuela el sol. Total, la noche es más misteriosa. En Malta, también.

Mirada verdosa y ‘argolla’ en la oreja izquierda, gorra de marinero y patillas de bandolero, pero porte de capitán. Mujeriego empedernido. Si a la vida un día le faltara suficiente aventura, sin duda, él sería su protagonista. Ni siquiera me importa su sempiterno cigarrillo en los labios.

Sigamos pues en la noche maltesa, medio pirata como Corto Maltés. Sí, ésa es la inevitable impresión de esta pequeña pero boyante capital, donde el paro no existe y la mayoría de los balcones están acristalados. Vidas secretas, quizá, tras ellos.

Fantástico itinerario este de seguir sus pasos que, entretanto, me lleva a probar el ‘Imqaret’. Un delicioso pastelito frito relleno de dátiles, que me recuerda el trasiego de civilizaciones que han dejado su huella en Malta.

Valeta festeja cada día su independencia con una salva de fuego de cañones. La autora saluda a la misma hora una vez que celebró su encuentro, al fin, con Corto Maltés. Foto Espiral21.

(Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes y Bizancio, claro. Para, finalmente, ir a manos cristianas, primero españolas y luego, francesas. Y por último, británicas, hasta ser un país independiente en 1964).

Vivimos pues nuestra propia ‘Balada del Mar Salado’ mientras callejeamos más allá del abrigo de este pintoresco Puerto. Quizá debimos preguntar a sus mujeres y no a los marineros para hallar la sombra de Corto.

Pero gustosos de perdernos por tanta callejuela en este reto de ver quién viaja más, si Corto Maltés o nosotros, seguimos descubriendo La Valeta. Y descendemos. Porque, quién sabe, quizá sea bajo tierra que hay que buscar.

Nos topamos con las Catacumbas de San Pablo, próximas a la iglesia del mismo nombre, que nos recuerdan la temprana presencia cristiana en esta isla, aunque nada tenga que ver con el apóstol San Pablo, pese a su nombre.

¡Atención! Un laberinto de más de 2.000 metros cuadrados que data del siglo III después de Cristo. Quizá Corto se ocultó alguna vez aquí debajo… A buen seguro que Hugo Pratt sí que las visitó.

Santos de Malta, a la izquierda, en fila en plena calle, junto a la fachada de la Iglesia, durante las fiestas de la capital. (Foto Espiral21).

Al salir de nuevo al exterior, descubrimos que los malteses sacan las imágenes fuera de la iglesia cuando celebran alguna festividad. Pero no una, no, media docena de Santos nos contemplan subidos a unos pilones con el mismo asombro que nosotros a ellos…

Rematan la fachada como si fueran su guardia pretoriana. Y nadie más los mira, sólo nosotros. (Parecen pasar el mismo calor húmedo que nosotros, sólo que a ellos no se les baja la glucosa).

Está claro que llega el momento de otro tentempié y probamos la ‘bigilla’,  aperitivo típico elaborado con una clase de judías conocidas como ‘ful tal-Ġirba’. ¿Te suena árabe, verdad?

Pues sí, es muy parecido al conocido ‘humus’ de garbanzos. Así que nos sentamos a ‘dipear’ en el coqueto mercado municipal, que ha sido acondicionado para el picoteo, como todos en las grandes ciudades.

Malta es plataforma de artistas de vanguardia, como la obra de Jesucristo inserto en el logo de Facebook, expuesto en el Spazju Kreattiv. Foto Espiral21.

(Es lo que tiene la globalización. Después de todo, hace años que también llevo a Corto Maltés en una camiseta, más allá de mi corazón).

Cae la luz de la tarde y, al final, Valeta resulta ser casi tan nostálgica como el propio Corto Maltés. Me doy cuenta entonces de que, en realidad, lleva a nuestro lado todo el día, siguiendo él nuestros pasos…

Entramos juntos en la última fortaleza del día, un castillo del siglo XVI que hoy es un espacio creativo para dar rienda suelta a la mayor de las aventuras, la del Arte. Y es allí donde descubrimos que Jesucristo tiene cuenta en ‘Facebook’.

Sonreímos los tres. Pero fue Corto quien, manteniendo el cigarrillo apagado en la comisura derecha de sus labios, le dio al ‘me gusta’ 👍.

Leer el resto de los relatos:

1. Puerto de Las Nieves donde los besos eran robados con sabor a salitre.

2.Procida la isla del limoncello que sedujo a Neruda.

3. Sicilia es irrepetible, pero el cine la hizo eterna.

5. Brindisi el tacón de la bota de Italia que reina en el Adriático.

6.Santorini, la mayor belleza de otro tiempo.

7. Naxos, donde los sueños se vuelven azules sólo si te descalzas.

8. Ikaria, las alas de cera más longevas de Europa.

9. Patmos resucita tu boca en los cielos.

10. Calcídicas, los tres dedos de Eolo en el Egeo.

11. Príncipe, las islas turcas donde separas las nubes con las manos.

12. Acre, donde el mar se paró en Tierra Santa.

13. Mar Muerto, el gran lago salado en el desierto del Qumrán.

14. Mar de Galilea, donde el Pez de San Pedro pasa de plateado a dorado.

15. Dubrovnik me devolvió la sonrisa de Militza.

16. Burano, la isla veneciana de las mil casas de colores.