Papas Benedicto XVI y Francisco, en uno de los jardines del Vaticano que recrea la película de Netflix.

Los Dos Papas, dirigida por el brasileño Fernando Meirelles (famoso por ‘Cidade de Deus’), promete ser el nuevo bombazo de Netflix como ya lo fuera ‘Roma’, de Alfonso Cuarón el pasado 2018.

Nominada a cuatro Globos de Oro, entre ellos el de mejor actor y mejor película, revela en ‘modo ficción’ unos cuantos secretos ciertos sobre la ‘Sede vacante’ con un Papa vivo acontecida en 2103. ‘Un sacco di segreti’, que dirían los italianos.

“He llegado a la certeza de que mis fuerzas, dada mi avanzada edad, ya no se corresponden con las de un adecuado ejercicio del ministerio petrino”, decía Benedicto XVI aquella mañana del 11 de febrero de 2013.

(Por cierto, a las 11:00 horas también).

Pero lo hacía en latín. Y tan sólo una de las periodistas presentes, entre tanto cardenal, entendió lo que estaba sucediendo y las convulsas horas que sobrevendrían aquella jornada.

Giovanna Chirri sabía latín y fue la primera en difundir la noticia en su cuenta de Twitter… ¡¿Quién dijo que el latín era una lengua muerta?!

Giovanna, de la agencia italiana de noticias Ansa, había pasado inadvertida durante dos décadas cubriendo el Vaticano. Hasta ese día, claro. No diremos que ‘Gianna’ pasará a la historia como Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), pero casi.

En menos de una hora después, las agencias de comunicación de todo el mundo se habían echo eco del ‘tuit’ de Giovanna Chirri y con él, de la primicia aún sin confirmar por el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

Lombardi, seguramente aún ‘en shock’ por no saber cómo gestionar la repentina noticia, no sólo no cogía el teléfono sino que no emitía aún un comunicado de prensa.

“Ha caído como un rayo en un cielo sereno”, decían desde el Colegio Cardenalicio. Curiosamente, esa misma noche caía un rayo sobre la cúpula del Vaticano como si de una respuesta desde el mismo cielo se tratara.

Papas Benedicto XVI y Francisco, interpretados por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.

Benedicto XVI, con todo su cuestionable rigor, había roto un tabú revelándose a su divino destino. Y Giovanna, sin proponérselo, fue su mejor aliada dándole voz a Ratzinger en sólo 45 caracteres y cambiándole el paso a la Curia de Lombardi.

Como anécdota, Benedicto había sido el primer Papa en ‘tuitear’ con 24.000 seguidores desde la cuenta Pontifex (constructor de puentes, en latín). Pero qué pasó antes y durante ese período de ‘Interregno’ para la Iglesia Católica.

Algunos de esos acontecimientos son narrados por Meirelles dando en el blanco, más allá de que un verdadero ‘sentimiento anti-italiano’ se extendía como un manto sobre todo el cuerpo de cardenales ‘papables’.

Y es que todos habían quedado profundamente ‘tocados’ después del escándalo de las filtraciones del ‘Vatileaks’ desde su entorno más próximo. Tal y como refleja la película de Netflix, el mayordomo y el propio Ratzinger eran portada de prensa un día sí y otro también.

Pero, ¿en qué aciertan Anthony Hopkins, como Joseph Ratzinger, y Jonathan Price, como Jorge Mario Bergoglio, en ‘Los Dos Papas’? Más allá de sus increíbles interpretaciones humanizando hasta el límite a ambos pontífices, están los secretos.

Partiendo de que, en efecto, Bergoglio había sido el segundo más votado en el cónclave anterior de 2005, también es verdad que ya pensaba en el retiro y que incluso había elegido una residencia religiosa en la que pasar sus últimos días.

Pero no viajó hasta Roma para tratar de convencer a Benedicto de que aceptara su renuncia según alcanzara la próxima edad de jubilación. Y sin embargo, podría haberlo hecho…

Quién tiene conocimiento, en realidad, de las visitas que recibe un Papa cuando está descansando en la residencia de Castel Gandolfo, tal y como plantea la cinta del director brasileño.

(Los que alguna vez hemos visitado esta tranquila localidad a las afueras de Roma, conocemos bien ese aire de secretismo que rodea sus muros. Esa impresión de misterio que se eleva desde las aguas del lago Albano y flota en el aire de su patio central). Y para la trama, tanto de la película como de lo que pudo-haber-pasado, resulta una idea fantástica ese posible encuentro.

Un encuentro entre la Iglesia de la doctrina, corroída por los escándalos de la pederastia y la corrupción financiera, y la Iglesia de los pobres venida ‘casi del fin del mundo’ (como dijo el propio Bergoglio desde el balcón cuando adoptó el nombre de Francisco).

Además es cierto que Benedicto se vio desbordado en su intento de ‘limpiar’ los rincones ocultos del Vaticano, pese a que puso en la picota al infame Maciel, de los ‘Legionarios de Cristo’, culpable de más de un centenar de abusos sexuales a menores.

Y así se menciona en la película cumbre de Netflix para este fin de año, inmerso en esa conversación en la que el bávaro le confiesa al argentino sentirse minado en sus energías ante tanto envilecimiento escondido bajo las sotanas.

Papas Francisco y Benedicto XVI en la película, cuando ven el partido de fútbol entre Argentina y Alemania.

Un hombre roto en su espíritu bajo su blanco alba de Papa y un pastor totalmente vulnerable bajo la aparente severidad de su dogma. Así lo descubre el futuro Francisco y de este modo retrata Meirelles el fresco de este ‘interregno católico’.

Un episodio de nuestra historia reciente que, sin duda, los libros señalarán como clave de este siglo en un cambio de rumbo no sólo para la cristiandad.

Y que bien merece ese brindis con ‘fanta’ de naranja y pizza en el ‘Salón de las Lágrimas’, mientras los turistas contemplan absortos la contigua Capilla Sixtina… ¡Por qué no!

Acaso importe semejante guiño ante tanta trascendencia. Además, el trabajo actoral de Anthony Hopkins y Jonathan Price es tan fabuloso, capaces como son de subir a ambos pontífices en una montaña rusa de emociones, que te pasean por las dos veredas de un mismo sendero lleno de sentimientos encontrados.

A propósito, como testigo directo que fui de esas seis fumatas que subieron a Francisco al balcón de San Pedro, puedo confirmar que, en efecto, el jesuita Bergoglio tras el humo blanco dijo aquello de “aquí ya se acabó el Carnaval”, cuando le tocó vestirse de Papa.

Quizá por ello, el director brasileño se atrevió también a imaginar que ‘la final de los Papas’, esto es, el encuentro entre Alemania y Argentina del Mundial de fútbol (que ganaría el primero), fue otra cita compartida por ambos. Quién sabe…

Lo cierto es que ‘Los Dos Papas’ puede calificarse ya de título imprescindible de la cinematografía contemporánea.

Y que aquella noche de paraguas, una Plaza de San Pedro abarrotada, pese a la lluvia, guardó silencio absoluto cuando aquel argentino anunció que se llamaría Francisco y, ladeando la cabeza, pidió que rezásemos juntos.