
Y a la tercera fue a la vencida. Pedro Sánchez ya se ha podido quitar por fin la coletilla de “en funciones” aunque el precio que ha pagado ha sido muy alto. O mejor dicho, el precio que vamos a pagar el resto de españoles, porque no les quepa duda que seremos nosotros los que vamos a asumir esa deuda que ha contraído con separatistas, comunistas y los herederos de ETA.
Y lo haremos como siempre, con más impuestos, viendo como decae el nivel de consumo, se congelan las pensiones y se vacían las arcas públicas a costa de crear nuevos ministerios con sus correspondientes secretarías de Estado y demás altos cargos y montar sus chiringuitos en forma de Instituto u Observatorio para…, donde dar cobijo y devolver favores a tanto apesebrado, chupótero y palmero del Kennedy de Tetuán y sus secuaces.
Pero de lo que no va a poder liberarse nunca es del calificativo de mentiroso. Ha mentido de forma descarada y continua, a sus votantes y al resto de españoles, a quienes se dirigía en campaña renegando de cualquier pacto o concesión a quienes ahora inician a su lado esta andadura gubernamental que se antoja preocupante para la buena marcha de la economía y prosperidad de nuestro país.
Basta con consultar la hemeroteca, y no hace falta irse muy atrás en el tiempo para darse cuenta de que tenemos al frente del Gobierno de la Nación a un mentiroso compulsivo que miente hasta cuando dice la verdad cual paradoja de Epiménides.
Afirmaba no hace mucho que él sería presidente del Gobierno pero no a cualquier precio. Mentía. Afirmó que “ni antes ni después ni durante va a pactar el PSOE con el populismo de Podemos. Con Iglesias a ningún lado”. Mentía. “Sería incapaz de pactar con el populismo que nos lleva a la Venezuela de cartilla de racionamiento”. Volvió a mentir. “No podemos permitir que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas”. Otro embuste.
A estos socios, con los que ahora son todo abrazos, guiños y sonrisas, y a los que les da igual la incoherencia documentada y la mentira, tarde o temprano el presidente del bruxismo sempiterno les acabará traicionando. Es su “modus operandi”. Su predilección por la mentira será su tumba política, ya que como dice un proverbio judío, “con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver”.
Porque él vive de la traición y del engaño. Se alimenta de ello. Para él todo vale mientras logre su objetivo, lo de el fin justifica los medios encuentra en Sánchez la más perfecta representación en nuestros días.
De entrada, retrasó el nombramiento de ministros, lo cual ya hizo fruncir el ceño a Podemos, a quienes sin duda aún les cuesta creer que están dentro del gobierno. Y a mí también.
Y es que resulta inaudito que la cuarta fuerza parlamentaria, en plena decadencia y sin apenas experiencia en gestión pública a gran nivel, vaya a tener tanto poder y tantas responsabilidades en el Ejecutivo.
Precisamente ese hándicap de inexperiencia nos dará más de un jugoso titular, y cuando empiecen a llegar malas noticias, que llegarán, asistiremos a un continuo reproche recíproco entre socialistas y podemitas que será el anticipo de un divorcio en la próxima cita electoral.
No olviden que Podemos surgió para desplazar al PSOE, ese sigue siendo su gran objetivo, aunque por ahora los líderes de ambos partidos sean amigos del alma y entre abrazos y carantoñas hagan frente común a las derechas como ellos dicen, tratando de infundir miedo en la población cuando son ellos y sus políticas con olor a naftalina los que dan verdadero pánico.
Estaremos expectantes al escenario político y sin bajar la guardia para evitar o al menos mitigar desde nuestra humilde posición los efectos nocivos de este gobierno nacido del engaño y la traición que esperemos sea breve por el bien de España, porque si no, parafraseando a Alfonso Guerra, un socialista con sentido de Estado, “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió”.
Álvaro Muñoz Hernández es abogado y secretario ejecutivo de Asesoría Jurídica del Partido Popular de Gran Canaria.
























