
Decir Jerónimo Saavedra Acevedo es decir Canarias.
Para la mayoría de los presentes, se trata de una una figura política relevante en la historia de Canarias en estos cuarenta años de autonomía y de democracia española. Muy probablemente, su vocación política la heredó de su padre, nuestro abuelo Martín Saavedra, en su día vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria. Pero para nosotros, sus sobrinos y sobrinas, sobrinos nietos y bisnietos, sus primas y cuñada, Jerónimo siempre fue Momo. Él fue uno más entre nosotros, aunque en realidad siempre fuésemos conscientes de que era distinto a nosotros. Estoy segura de que no me equivoco si afirmo que, desde la admiración y en secreto, todos hemos anhelado, en algún momento, poder contar con una milésima parte de la capacidad intelectual y el carisma que llevaban sus genes.

En su vida cotidiana, la vida transcurriría en una salita con balcón a López Botas, porque como todos saben, era un vecino más de este barrio de Vegueta. Y se asomaba al balcón a ver pasar la vida. Los viandantes y vecinos que bajaban por la calle solían saludarle al verle, y a todos ellos sin excepción siempre les devolvía el saludo con una sonrisa bondadosa que sin duda había heredado de su madre, Isabel Acevedo. Nuestra añorada abuela. Nosotros siempre dijimos “ir a casa de Abuela”, incluso cuando ya no estuvo entre nosotros y sólo permaneció en ella Momo. Entre otras virtudes y rasgos físicos, les decía que de su madre tenía la dulzura de la sonrisa, sólo equiparable al dulzor de los postres palmeros de la Isla Bonita de procedencia, La Palma. Otra de sus grandes pasiones junto con la Música.
Momo fue un canario universal, aunque naciera y muriera en la misma casa familiar del barrio de Vegueta: la Casa de Abuela. No sin antes regalarnos un viaje vital de aprendizaje, contribuyendo a tallar con maestría artesanal una piedra preciosa llamada Canarias. Con total devoción y responsabilidad de quien sabía que estaba llamado a realizar esa tarea. Nuestra labor hoy es preservarla, siguiendo las instrucciones que nos deja en su partida, en la defensa de una sociedad libre, igualitaria y fraternal. Porque siendo el último superviviente de una familia de siete hijos, a Jerónimo no le faltaron hermanos que, con devoción y amor, le portaron en su último viaje hacia la tumba donde hoy reposan sus restos.

Con una sencilla frase de Elsa López, su amiga y escritora, Premio Canarias, hoy deseo, en representación de la familia Saavedra, dar las gracias a todos los presentes y rendirle este homenaje para finalizar, no sin antes decirle “gracias por tu vida, por vivirla así, de esa manera”:
“Y todos, en silencio, nos quedaremos quietos en su abrazo, como si fuera cierto que va a volver mañana”.
Marta Saavedra Domenech, (senadora por el PSOE), en nombre de la Familia Saavedra Acevedo



























