Cosco, el gigante chino del transporte marítimo. (Fotografía Creative Commons).

Inflación representa el nuevo dolor de cabeza para la economía europea, tras los avisos registrados en Estados Unidos y China, con el mayor encarecimiento de precios en una década.

Si persiste la tensión, qué duda cabe que podría afectar el crecimiento mundial.

El Banco Central Europea estima que la inflación comunitaria alcanzará el 4,7% a final de año. En los 5 primeros meses del año, España acumula un alza del 2,7% en la tasa interanual mientras que Canarias se modera por debajo del 2%.

Es cuestión de tiempo que la Administración registre una cesta de la compra más creíble acorde a las fuertes oscilaciones del petróleo, donde el barril supera los 70 dólares.

El avance de los precios coincide con las campañas de vacunación, que todavía no ha concluido su ciclo protector.

Durante gran parte de 2020, China, Taiwán y muchas otras partes de Asia mantuvieron la pandemia bajo control mejor que Estados Unidos y Europa, y limitaron parte del daño financiero. Pero a medida que las tasas de vacunación han aumentado en Occidente, los gobiernos han comenzado a reducir las restricciones y las economías se están acelerando.

En estos momentos, el Covid se ha extendido por Asia. Tailandia fue golpeada en los primeros compases de 2021 acusando el peor aumento de casos nuevos, mientras que Vietnam también ha sufrido lo suyo.

Las industriales orientales podrían mantener la distancia social, la mascarilla y los encuentros personales, 3 circunstancias que condicionarán el consumo hasta el punto que las cadenas de suministros (chips, por ejemplo) han ralentizado su producción y han puesto en alerta a los grandes puertos chinos que abastecen a medio mundo.

Y estos factores coyunturales en medio de un temor ante la máxima de la ortodoxia económica que obliga a subir los tipos de interés cada que vez que la inflación se dispara.