José Perera, segundo por la derecha, junto a Miguel Guerra, Esteban Guerra y Mariano García.

Una vez más se llevó a cabo la habitual cita de final de año que homenajea al escritor Francisco Guerra Navarro, Pancho Guerra, autor
del tan conocido personaje Pepe Monagas. La de 2025 fue la séptima edición de una iniciativa, organizada por la Fundación Pancho Guerra y la Orden del Cachorro Canario, que pretende que esta figura destacada de la cultura canaria sea más conocida.

Así, en primer lugar tomó la palabra el presidente de la institución con sede en Vegueta (donde se llevó a cabo el acto), Esteban Guerra de la Torre, tras el que habló el coordinador del evento Mariano García Artiles. A continuación Miguel García de Celis (presidente de la fundación del escritor de Tunte y constante animador de su figura), recordó la filosofía de este acto y presentó al ponente de este año, el escritor, docente e investigador José Miguel Perera, que ha abordado la escritura de Guerra en varias y diversas ocasiones.

Su charla, titulada “Entre el humor y la violencia: algunas notas sobre las Memorias de Pepe Monagas”, planteó determinadas líneas generales de un estudio sobre el que manifestó que estaba profundizando y que en un futuro próximo daría a conocer. Se trata de un tema nunca abordado en la escritura del literato protagonista, especialmente con respecto a su vertiente más importante y conocida: las peripecias vinculadas al conocidísimo ente de ficción Pepe Monagas, que se suele tomar como un perfil estrechamente vinculado a la identidad canaria. Perera abordó el asunto a partir, fundamentalmente, de la lectura de algunos ilustrativos fragmentos de las valiosísimas Memorias de Monagas, y señaló las altas dosis de violencia que, aunque tamizadas por el humor, se perciben en el lenguaje y las variadas escenas: desde la animalización de los personajes (aspecto estrechamente relacionado con el habla y el mundo popular canarios) y su naturalización negativa e inferirizadora, pasando por los modos de relación humanos entre parejas, familiares, vecinos…, donde la mujer es
constantemente violentada; hasta la solución de peripecias cotidianas y conflictos de corte mayor; así como la enorme presencia del alcohol, las evasivas a la dura cotidianidad, la delincuencia, los robos, el pillaje, etcétera.

Perera planteó que la obra de Pancho Guerra es un punto clave desde donde abordar no solo la expresión lingüística del español de Canarias (como tanto se ha dicho y estudiado), sino sobre todo para afrontar el mundo sicosocial violento que transmite, que no es otro que el de las clases sociales empobrecidas de la sociedad canaria histórica, y no sólo grancanaria: las mayorías sociales rurales y periféricas capitalinas de antes (y hoy, aunque con otras y notables diferencias), que siempre aparecen dialéctica e irónicamente confrontadas, en Pancho Guerra, con caciques varios como el Conde (de la Vega Grande), o los del círculo de Las Casas de la capital grancanaria, así como algunos adinerados.

Según el investigador, toda la violencia que en el mundo de Monagas se respira (“me botaron a este puñetero mundo”, dice el personaje nada más comenzar sus
Memorias) tiene una tristeza y un dolor de fondo que es fruto de una sociedad secularmente menospreciada y violentada sociolaboralmente, desde la Conquista hasta los días de vida de Pancho Guerra, pero también hasta hoy. Dicha situación secular puede ser interpretada en buena medida desde una obra clave del pensamiento sobre nuestra identidad como Psicología del hombre canario, de Manuel Alemán Álamo.

Perera se preguntaba con el público: “¿Serían soportables tantas escenas violentas de Guerra si no nos llegaran a través del humor?” El ponente planteó, por último, el ejemplo de la violencia ejercida contra la mujer en la vertiente abordada frente al trato que Guerra da a las propias mujeres en otras de sus obras, y nombró tres: Romance del forastero y la novia, Las tres lunas rojas y la incompleta Agua. Contrastivamente, resulta significativo cómo en ellas el tirajanero empodera a las féminas de manera significativa, y sin duda llama muchísimo la atención el caso de Guayarmina, en Agua, una mujer de nombre indígena que es la que defiende al pueblo donde se lucha (contra los de fuera que quieren aprovecharse) por el agua
alumbrada que les pertenece. La jornada terminó con la inauguración del Cafetín Pancho Guerra, en honor al artista grancanario, en el mismo local donde sucedió el acto.