#Graffiti tiene 12K (12.000) seguidores en Twitter que te pueden llevar hasta Canberra (Australia), 10K en G+ o también, registra 583K ‘me gusta’ en Facebook. Pero es que si lo rastreamos en Google, el buscador nos ofrece nada menos que 1.400.000 resultados.
Seguramente, estas cifras ya habrán aumentado. Así son las redes, los ‘hastags’ y las ‘webstas’. Imparables e imprevisibles. Por ello, que el Teatro Cuyás abra sus puertas a la posibilidad de que los #graffiti entren en el universo de sus instalaciones… Merece un gran aplauso con ovación generalizada.
Y por supuesto un 👍 por aclamación popular.
El Teatro Cuyás anunció la convocatoria de un concurso de ideas para la realización de un mural en sus instalaciones. El lugar escogido para ello es una de las paredes que conforman el patio al aire libre.
Concretamente, la que está situada justo enfrente del restaurante conocido como ‘El patio del Cuyás’, de casi 60 metros cuadrados. El diseño deberá ser inédito y girar en torno a las artes escénicas.
Según las propias bases del concurso publicadas en la web, www.teatrocuyas.com, las propuestas presentadas tendrán “carácter vanguardista para respetar y activar de manera positiva el entorno, y hacer de este espacio un foco de identidad propio”. El proyecto ganador recibirá un premio de 6.000 euros.
Desde luego, el lugar escogido dentro del propio recinto es más que apropiado para un graffiti de grandes dimensiones. No sólo es visible desde la terraza del restaurante o desde la taquilla, sino que se trata de la zona donde el público aguarda el comienzo de los espectáculos
Tanto al inicio como en el entreacto, siempre aglutina gente. Y haya o no función, el patio del Cuyás es siempre lugar de paso o encuentro. Como mismo sucedía cuando albergaba el emblemático cine Cuyás. Es un espacio al aire libre con magia y con historia.
Pero, sobre todo, es una acertada idea que mucho tiene que ver con la filosofía aperturista del nuevo grupo de gobierno al frente de la institución cabildicia de Gran Canaria. La apuesta de los espacios al servicio de la ciudadanía y disfrute colectivo no deja género de dudas, fortaleciendo el perfil cultural del espacio y una mayor afluencia de público. El anuncio de la convocatoria fue hecho por el consejero de Cultura del citado Cabildo, Carlos Ruiz.
Además, a nadie se le esconde que el graffiti es el arte del siglo XXI. Personajes como Banksy y sus emblemáticos trabajos, convertidos ya en más que cotizadas obras de ‘street art’, en ciudades como Londres, Nueva York o Tel Aviv, dan la vuelta al mundo en imágenes.
Nadie sabe cómo y ni en qué momento los hace, pero la ciudad se despierta con una nueva cara en el lugar escogido por este famoso ‘graffitero’. La identidad de Banksy es el secreto mejor guardado del arte británico. Al menos lo era.
Quizá siga siéndolo, en realidad. En julio de 2015, el rotativo “The Mail On Sunday” dio la noticia citando algunas declaraciones de antiguos compañeros de colegio del graffitero británico, mostrado en una fotografía. Todos lo identificaron como Robin Gunningham.
No existe certeza. No al 100%. Hasta ahora lo único que se sabe a ciencia cierta sobre Bansky es que nació en 1974 en Yale, en las proximidades de Bristol. Las especulaciones sobre su verdadero nombre le han acompañado desde sus primeros trabajos.
Pero él lo tiene claro. Siempre ha justificado todo el misterio que envuelve tanto su vida como su obra, con una única frase: “Solamente trato de hacer bien mis cuadros. No estoy aquí para mostrar mi imagen”.
Una mañana, Londres apareció pintada con una de sus obras, que lucía la leyenda “una nación bajo CCTV”, en referencia a las cámaras de vigilancia que, literalmente, controlan la capital británica por una cuestión de seguridad.
Se trata del nuevo arte antisistema. La plástica de una expresión popular que usa la estética para hablar de ética social o política. Intervenciones urbanas que señalan con el dedo la realidad. Pero que a veces, sólo dialogan. Con el mundo, claro.
Encarnan la voz de muchos. Pero con arte. Siempre el arte, sin guardar silencio. Y todos los inconvenientes que puedan derivarse de ello (en 2013 llegó a ser acusado de ‘vandalismo’ en Nueva York).
Sin ir más lejos, su último trabajo apareció en una pared frente a la embajada francesa de Londres el mes pasado. Mostraba a la niña pequeña del mítico musical “Los Miserables” con lágrimas en sus ojos. Y de fondo, una lata de gas lacrimógeno en alusión al usado en el campo de refugiados de la localidad de Calais (Francia).
Banksy ha conseguido trepar en las subastas y cuenta con un representante. Pero, pese a todo, no ha sido absorbido por el mercado. Nada parece engullir a Banksy. Al menos por ahora. Quizá por ello sea tan celoso de su identidad, de su intimidad.
Y si hubiera otro Bansky entre nosotros…#Graffiti y @TeatroCuyas = Arte.




























