Inimitable y talentoso. El prestigioso cineasta Gonzalo Suárez murió a los 92 años. Director de películas como Epílogo, Aoom u Oviedo Express, recibió el Goya de Honor 2026 en reconocimiento a una trayectoria desarrollada al margen de las convenciones del cine y también de la literatura, donde se prodigó profundamente.
El también guionista, escritor, dibujante, deportista, periodista deportivo y actor, llegó a ser ojeador para el Inter de Milán de Helenio Herrera. Al recoger el Goya a Mejor Dirección por Remando al viento, en 1990, resumió su discurso en una frase: «Por fin tengo un pisapapeles».
Nacido en Oviedo en 1934, Suárez pasó su infancia en Madrid, donde recaló su padre, un catedrático de francés rebelde, y estudió Filosofía y Letras y posteriormente se le vinculó a la Escuela de Barcelona, ciudad en donde se instaló con su mujer Hélène Girard. Sobre ella, dejó dicho en la última ceremonia de los Goya que en la Ciudad Condal se dio la «circunstancia» de publicar sus «primeros libros», «rodar películas» y «tener cuatro hijos». Y también es célebre su trabajo como periodista deportivo bajo el seudónimo de Martín Girard, en periódicos como El País.
En paralelo a su obra literaria desarrolló también la carrera cinematográfica, donde probablemente alcanzó sus mayores cotas de reconocimiento en una trayectoria en la que recibió el Premio Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y el Premio Luis Buñuel, además de las distinciones de Caballero de las Artes y las Letras de Francia y de la Orden de Alfonso X el Sabio.
Cuando recibió el Goya de Honor tras seis décadas en el oficio, en el que ha sido de todo, incluso productor, Suárez realizó un alegato en favor del cine, un género que ha sobrevivido «a las redes y a las cavernas» y consideró que las películas son el «último reducto para soñar despierto». Aunque, con ironía, aseguró que «Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad».

























