#DesdeMiVentanaVerde sopla otra vez esa brisa de tristeza, ésa que casi se toca como el vaho en el que se dibujan corazones al salir de la ducha, que dura lo que dura pero no importa. Es.
Y sólo entonces, la memoria te trae de regreso todas aquellas cosas que atesoraste en algún lugar de tu ser, sin saber bien en cuál. Ahí, a la espera de ese aroma, ese sabor o de una canción. Sí, ésa misma.
Suena de fondo, a este lado de mi ventana verde, y también afuera desde esta mañana sin parar. Con el cielo totalmente oscurecido, como si anunciara el fin del verano en lugar del comienzo del mismo. Triste y áspero, para ser mediados de junio.
Siempre dulce y melodiosa, Françoise Hardy los ha puesto a pasear calle arriba y calle abajo, a todos y a todas. Toda la muchachada que sueña y ríe de amor, generación tras generación. En francés ’s’il vos plaît’. Están presentes.
Subo el volumen a este lado de la ventana, para escucharla bien entre tantas risas de este rancho de ánimas que viene y va con la felicidad en sus rostros. Es la sonrisa que dibuja esa misma canción, “Tous les garçons et les filles”.

Abrí la ventana de par en par en cuanto la sentí del otro lado y, al asomar la cabeza por fuera de ella, hasta me pareció que las mismísimas campanas de la catedral tocan los primeros acordes de “Tous les garçons et les filles”.
Sin importar la edad, todos paseaban mirándose a los ojos cogidos de la mano y de dos en dos. Miré al final de la calle arriba del todo, donde hay una fuente, y creí verla. También a Françoise Hardy.
Ya no iba sola como alma en pena, preguntándose por el murmullo de un ‘te quiero’ al oído, ni si pronto algún día conocería ella el amor, cogida de la mano de alguien con quien pasear.
Después de marcharse, necesité callar. Sonreí otra vez y subí el volumen a este lado de mi ventana verde. Contuve la respiración y recordé la primera vez que escuché esta canción, de niña con mi madre. Sigo oyéndola.
Suena en bucle “Tous les garçons et les filles de mon âge se promènent das la Rue deux par deux”… Y de nuevo, veo un rancho de ánimas pasar calle arriba calle abajo, siguiendo el rumbo de la vida vivida. Sin esperar más certeza que la de la vida misma. Con los ojos puestos en los suyos y la mano agarrada de la suya, sonrío.
DEP Françoise Hardy, la voz de la felicidad en francés.
Para seguir leyendo:
Episodio 1. Gueto judío de Venecia, en el verde de la memoria.
Episodio 2. Sátira de la Crucifixión más allá de la plaza San Marcos.
Episodio 3. ‘Ponte Vecchio’, murmullo de voces y sueños.
Episodio 4. Plaza de San Pedro, inmaculada pero descarnada.
Episodio 5. Los olmos del Gianocolo de Roma se inclinaron aquel día.
Episodio 6. Bosque de Bolonia, raviolis preparados en pareja.
Episodio 7. Bruselas y las siete calles que conducen a la Gran Plaza.
Episodio 8. París, la alegría de vivir hecha de miga de pan.
Episodio 9. Turquía y Siria, gana quien sabe amar.
Episodio 10. 8M, nadie muere entre las flores, sino ante su ausencia.
Episodio 11. “¡Pararse ahí!” De Sevilla a Vegueta en Semana Santa para curar el alma.
Episodio 12. ¿Música de Macedonia o una torrija de la cafetería Madrid?
Episodio 13. Pascua ortodoxa en Las Palmas por Jersón, Lviv y Bajmut.
Episodio 14. Jerusalén, benditos sean sus besos.
Episodio 15. El viento que traigo en los ojos me viene de Chile.
Episodio 16. Lyon, poesía y danza que bailan al espíritu.
Episodio 17. “Con permiso, soy el tango”.
Episodio 18. ‘Balada para un loco’ en la tarde rosada de Las Palmas.
Episodio 19. Tierra hambrienta del Sur.
Episodio 20. ¿Desgaste vital? ¿Cuál? ¿Migración, guerras o crisis económica?




























