El Papa, en audiencia con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, este jueves 15 de mayo. (@Vatican Media)

#EnConclavada, día 7 

EnConclavada en otra mañana de sol radiante, repaso lo que han sido los últimos 8 días en Roma y Ciudad del Vaticano… Excitantes, sin lugar a dudas, aunque los haya vivido corriendo con el ritmo trepidante que te impone la ciudad eterna, y casi llevándote a olvidar lo histórico del momento.

Inevitablemente, asomada a la ventana abierta de par en par ahora en el día de mi partida, mi mente cinematográfica (nunca he negado que lo fuera), imagina a León XIV paseando a hurtadillas mientras aún puede por los callejones más despejados de Roma (si es que aún quedan), como Anthony Quinn en ‘Las sandalias del pescador’

Después de todo, en dicha película del ’68 el obispo ucraniano Kiril Lakota se convierte sorpresivamente en el Papa Cirilo I y negociador directo de la paz con el presidente Piotr Ilyich Kamenev (Laurence Olivier). No deja pues uno de pensar que el anterior ‘león’ en el Vaticano, León XIII, que fue el autor de ‘Rerum Novarum’, se preocupó de los derechos laborales y salariales de los más desfavorecidos… 

¡Ni que hubiera sido Kiril y además, ruso! Es como si la foto de la tercera silla junto a Trump y Zelensky, dentro de San Pedro en el funeral de Francisco, le hubiera estado predestinada al hombre de blanco que pronunció la palabra Paz hasta 12 veces en su saludo.

Al fin y al cabo, aunque salió con la ‘Muceta’ roja de terciopelo rojo, León XIV mantiene sus zapatos negros de pastor como mismo hiciera Francisco… Lo cual me lleva a recordar una de las maravillosa frases del ‘Pepe’, el ex presidente uruguayo Pepe Mujica, reclamando siempre la honradez intelectual: “Es bueno vivir como se piensa. De lo contrario, pensarás como se vive”.

Así, todavía en-Conclavada, el crujiente sonido de la ‘aragostina’ de chocolate (napolitana de origen), en un certero bocado con el café capuccino del desayuno, me trajo del vuelta al barrio Esquilino en el que ahora me encontraba, organizando ya nuestra maleta para la despedida de Roma y el Cónclave.

Busco en el súper un trozo de parmigiano reggiano para llevarme a casa y sonrío al ver que aún quedan ‘Colombas’ de la Pascua, en oferta, dispuestas en los lineales del pasillo junto a la caja. (Y se me van los ojos, pero me contengo. Demasiado abultada para el avión). 

Pienso que ya estaban en los supermercados con Francisco vivo, impartiendo la bendición URBI ET ORBI el Domingo de Resurrección, hace nada… Y de nuevo, ‘el Pepe’ viene a mi mente: “Los únicos derrotados son los que dejan de luchar”.

Pongo rumbo al aeropuerto de Fiumicino confiando en que si aquella encíclica de León XIII era sobre la situación de los obreros, seguramente, la que esté por venir de manos de este otro ‘león para la iglesia’ habrá de ser sobre la situación de los migrantes…

Me marcho de Roma sin que las estampas de León XIV hayan llegado a tiempo, y también sin saber cuál será el sabor del helado escogido por Giuseppina para el nuevo Papa… Pero creyendo en las sandalias de este pescador, y en que sus zapatos negros lo traigan hasta Canarias.