Elecciones generales antes de mayo

"Algo se está moviendo discretamente para irnos enviando señales de que el otoño llegará con restricciones y ajustes, tanto en el ámbito público como en el privado"

El levantamiento de la mayoría de las restricciones impuestas para luchar contra la pandemia ha lanzado a la gente a la calle. Las fiestas en barrios, pueblos y ciudades han vuelto a recobrar el bullicio, la alegría y la diversión que la pandemia había apagado. Los aeropuertos son hervideros de gente. Es muy difícil conseguir plazas alojativas para el verano. No hay coches de alquiler y los que hay están a precios fuera de mercado. Los bares y restaurantes están llenos. A pesar de la inflación y del precio del combustible, la luz y la botella de butano, el verano llega cargado de optimismo.

No obstante, algo se está moviendo discretamente para irnos enviando señales de que el otoño llegará con restricciones y ajustes, tanto en el ámbito público como en el privado. Han empezado a recobrar protagonismo en las noticias del día a día, conceptos casi olvidados: Banco Central Europeo, tipos de interés, Euribor, hipotecas, prima de riesgo, ERE, ERTE,  endeudamiento o déficit.

El esfuerzo económico que está exigiendo la lucha contra la pandemia para mantener la cohesión social y sostener el tejido productivo es descomunal. A ello se han sumado los efectos colaterales que está dejando la invasión rusa de Ucrania. El incremento del precio de los combustibles, la luz, el gas y del coste de la vida, en general, está dibujando un horizonte complejo que, en palabras del vicepresidenta del Gobierno español, Nadia Calviño, cito textualmente: “Prepárense para unos trimestres complejos y complicados por la inflación”.

Una nueva crisis económica -esperemos que la sanitaria la podamos superar pronto- va a hacer mucho daño a empresas y trabajadores, con consecuencias en el empleo y la calidad de vida de los españoles. ¿Qué consecuencias puede tener el nuevo frenazo que se vislumbra de la economía en el tablero político? Sin duda, la marcha de la economía y la calidad del bienestar suele ser el principal factor que premia o castiga a los gobiernos.

Zapatero despreció inicialmente la profundidad de la crisis económica anterior, no tomó medidas de calado para intentar atenuarla y cuando actuó lo hizo forzado por imposición de la Comisión Europea; las consecuencias políticas fueron el adelanto electoral, su relevo por Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato y mayoría absoluta para el PP de Mariano Rajoy.

Pedro Sánchez tiene que lidiar con la crisis que le anuncia su vicepresidenta y con unos socios en la coalición de gobierno complicados y con escaso sentido de la cohesión y la solidaridad con la que debe actuar un gobierno. Las encuestas, el complejo futuro de la economía y la intensificación de las deslealtades de sus socios de gobierno pueden empujar a Sánchez a un adelanto electoral.

Unidas Podemos parece que ha puesto el acelerador a fondo para marcar distancias con respecto al PSOE y así poder ofrecer a sus votantes un espacio diferenciado del socio con el que han compartido legislatura; quizá se estén pasando de frenada.

El cumplimiento de los compromisos adquiridos por Pedro Sánchez en la reciente cumbre de la OTAN en Madrid puede ser el detonante definitivo.

Sánchez podría anticiparse al empeoramiento de la situación económica y, aprovechando la provocación de sus socios, dar un golpe de efecto para su electorado más moderado echando del Consejo de Ministros a los herederos de Pablo Iglesias y anticipar las elecciones generales.  ¿Antes de las municipales y autonómicas para salvar, en lo que pueda, el impacto del enfriamiento de la economía? ¿Junto a locales y autonómicas para intentar “pegarse” al sólido poder que tienen los socialistas en esos niveles?.

La inflación, el precio de la cesta de la compra, el combustible, el gas, la luz, el tipo de interés, los ajustes que imponga Bruselas, el paro y, entre otros, el coste de la deuda ayudarán a dictar sentencia. Los partidos de las Islas deben estar preparados.