Despedida del Papa a don Felipe, antes de subir al Falcon.

Durante casi dos horas, don Felipe se convirtió en el Rey del Papa. Una insólita avería en el Airbus de Iberia que llevaba al Pontífice a Roma, arriesgó la imagen de la gira española en su despedida, tras una semana excelente en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.

La reacción del monarca no se hizo esperar. Le ofreció el Falcon que lo trajo de Madrid a Los Rodeos en lo que canta un gallo. Don Felipe subió al avión para salir acompañado por León XIV en una imagen que dio la vuelta al mundo. Sonrientes, se trasladaron a la sala de autoridades hasta que los equipos de seguridad aérea civil y militar evaluaron los riesgos y las oportunidades.

La pronta decisión del Rey demostró su autoridad como garante institucional del Estado español. Don Felipe salvó literalmente al país de un conflicto de intereses que amanezaba su reputación internacional ante los círculos diplomáticos. Cuanto más tarde, más tensión.  El Papa, además de un líder religioso, es el primer mandatario del Vaticano, un país del que depende la espiritualidad de 1.500 millones de personas.

El monarca esperó en Los Rodeos la llegada de un segundo Falcon, permitiendo así que el Papa viajara con la cúpula vaticana, como Pietro Parolin (secretario de Estado) o Paolo Rudelli, número tres del Vaticano como responsable de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado; Paul Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede o Filippo Iannone, Prefecto del Dicasterio para los Obispos.

El inmenso gesto de gratitud de Parolin (estuvo a punto de ser elegido Papa), demuestra que la Corona española es ejemplo de sabiduría. El resto de la maniobra la acredita el Ejército español que trasladó al Papa a Roma en una misión que cerró con éxito.