¿Crisis aérea? Lufthansa, Ryanair y Volotea avisan de déficit de queroseno en el sector aéreo mundial como consecuencia de la guerra del Golfo Pérsico.
Las compañías empiezan a cancelar rutas para compensar las dificultades de provisión de combustible. La guerra del Golfo Pérsico amenaza con extenderse a todo el sector aeronáutico, lo que abriría un revés económico para las empresas alojativas y turísticas. Los turoperadroes ya planifican subida de paquetes vacacionales.
Según el periódico alemán Handelsblatt, Carsten Spohr, el máximo ejecutivo del grupo alemán Lufthansa, se reunió con la plantilla y les reconoció que están trabajando en la paralización de un número de aviones, debido al incremento del precio del combustible. Spohr dijo que eso es aproximadamente un 2,5% del programa de vuelos.
No obstante, también admitió que según cómo pinten las cosas, podría ampliarse esta cifra de 20 aviones en otros tantos hasta llegar a los 40.
Los modelos afectados serán con toda seguridad los A340 y los 747, que están absolutamente desfasados y que prácticamente no vuela ninguna otra aerolínea en el mundo debido a su elevado consumo de combustible.
Spohr sugirió que esta decisión, que prácticamente dio como hecha para veinte aviones, se debe sólo al incremento del precio del combustible, pero que esto se podría agravar si, encima, los viajeros optaran por dejar de viajar, cosa que el grupo alemán no parece estar notando en sus reservas.
Lufthansa es un grupo de aviación con una presencia importante en Oriente Medio, por lo que es de los más afectados por esta guerra de entre sus rivales europeos directos.
El consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, ha advertido de que una prolongación de la guerra en Irán podría provocar problemas en el suministro de combustible a partir de mayo, lo que tendría un impacto directo en el precio de los billetes de avión durante los meses siguientes, con alzas del 10% al 25%.
La aerolínea Volotea también anunció la cancelación de varios vuelos para la temporada de verano, entre abril y octubre, debido al fuerte aumento de los precios del combustible y la inestabilidad derivada de la crisis en Oriente Próximo. El ajuste afecta a menos del 1% de los trayectos programados para ese periodo de máxima actividad turística.

























