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Cuba tiene nuevos pretendientes. China es uno de los países que ya tomaron la delantera en su interés por invertir en Cuba y, por evidentes razones ideológicas, cumplirá nada menos que 55 años de relaciones diplomáticas el próximo mes de septiembre, lo que le ha llevado a convertirse en uno de sus principales proveedores.
España ocupa el tercer puesto, con cerca de 700 millones de euros en exportaciones a la isla caribeña (Venezuela es el segundo). Principalmente, centradas en materiales de construcción, equipamiento eléctrico, repuestos para automóviles y, por supuesto, suministros para la hostelería. Cuba recibe tres millones de turistas al año, que dejan unos 2.600 millones de dólares de media.
El gobierno cubano aprobó el pasado año una ley de Inversión Extranjera que atiende sus necesidades, estimadas en unos 2.500 millones de dólares anuales. La zona franca de Mariel podría convertirse en el mayor puerto del Caribe, llegando a alcanzar el millón de contenedores al año.
Desde que se hizo público el acercamiento de los gobiernos de Washington y La Habana, el interés por visitar el país ha crecido incluso entre los artistas y el Instituto Cubano de la Música (ICM) ya se prepara para satisfacer ese interés de la escena mundial de actuar en la Isla, según reveló su presidente Orlando Vistel.
Según declaró Vistel, “Cuba no está preparada para cubrir algunos requerimientos de las presentaciones en los teatros, pero poco a poco vamos a garantizar que las instalaciones posean capacidad de respuesta. Sin embargo, el criterio de selección será la calidad y el nivel artístico, por encima de la fama”.
Entre los proyectos futuros del ICM, prevén la reedición del festival ‘Havana Jam’, realizado hace ya más de 30 años. Además se habla ya de la Sinfónica de Chicago y del pianista chino Lang Lang.
Todo son anuncios de futuro desde el acuerdo diplomático con EEUU, y las expectativas generadas dentro y fuera de la Isla casi desbordan las ilusiones de su población, que ha padecido las peores consecuencias del embargo de más de cinco décadas.
Descendientes de generaciones
Los canarios siguen con atención la última hora y recuerdan, muchos con añoranza, que esa también fue su tierra de destino como emigrantes. Unos regresaron y otros no, pero todos echaron raíces allá, formando familias. Con descendientes, acá y allá, de varias generaciones.
Cuando Coca-Cola abrió su primera planta embotelladora en La Habana en 1906, la colonia canaria en Cuba ascendía a casi 60.000 residentes. Todo hace hace sospechar pues, que quizá los canarios fueron de los primeros en probar la chispa de la vida en la isla caribeña.

Ahora Coca-Cola coquetea con su vuelta a Cuba y la clásica botella ‘contour‘, que este año celebra su centenario, se asoma al horizonte de ese 99,9% de cubanos que aún no han probado el mítico refresco. Y hasta se diría que su sinuosa figura ya se divisa desde el mismísimo Malecón de La Habana.
Todo un símbolo de una sociedad que les es ajena, pero que podría regresar al país comunista tras la tibia recuperación del contacto diplomático entre los EEUU y el gobierno de Castro, siempre y cuando se levante el bloqueo y haya un cambio en la ley norteamericana que prohíbe el comercio con la isla.
Hasta uno de los hijos de Fidel Castro (tiene ocho reconocidos), Álex, de profesión fotógrafo, declaró sin reparos al canal América TeVé: “Aquí puede haber una fábrica de Coca-Cola, que a nosotros no nos afecta”… Desconocemos qué habría dicho el Ché Guevara al conocer esta noticia, pero sí sabemos que, como ministro de Industria del primer gobierno de Fidel, tomó la decisión de que se fabricara una soda sustituta como complemento al ron del conocido cubalibre.
Símbolo del imperialismo
Alegó que el símbolo del imperialismo no era la bebida sino la forma de la botella. Se llamó refresco de cola, sin más, y la habanera embotelladora, aún hoy en pie en el barrio de Santa Catalina, justo donde cruza el Nº 903 de la calzada del Palatino, tomó el nombre de Metropolitana.
El resultado de tal metamorfosis fue un excedente de casi un millón de envases vacíos que, lejos de ser desechados, se reciclaron para contener limonada y otras bebidas hasta que fueron desapareciendo en el tiempo, pero jamás para esa otra achocolatada soda de cola autóctona que pudiera evocar una etapa a olvidar por los cubanos. Pero lo cierto es que para cuando los americanos salieron de Cuba tras el triunfo de la revolución, ya hacía tres décadas que los canarios de acá también conocían esta gaseosa negra.
Y no sólo por los indianos retornados, sino porque España se convirtió en puerta de entrada para la bebida en Europa, más concretamente, por los puertos de Canarias y Cataluña a partir de 1926. Tanto Tenerife como Gran Canaria contaron enseguida con sendas plantas embotelladoras, y así fue como los isleños disfrutaron de la “deliciosa y refrescante” Coca-Cola, según la propia publicidad desde su nacimiento, mucho antes que los habitantes de grandes ciudades como París o Londres.
Más allá de lo irónico que pueda resultar que Cuba fuera, junto con Panamá, uno de los primeros países en albergar una de estas plantas de fabricación y distribución del icónico refresco fuera del territorio norteamericano, resulta evidente el alcance simbólico de su más que probable vuelta a esta orilla del Caribe y en fecha tan señalada para la multinacional. No se trata de un mercado más (sólo restaría Corea del Norte ajena a su comercialización).

Sin temor a ser irreverentes, casi nos atrevemos a decir que su impacto mediático en la población cubana podría ser similar a aquella primera visita del Papa Juan Pablo II, tras ser recibido por el propio Fidel, y que supuso una apertura religiosa para muchas de sus gentes que vivían su fe de puertas adentro.
Lo cierto es que esa chispa de la vida ya sopla más fuerte que un mero rumor y muy oportunamente, puesto que 30 millones de botellas contour de Coca-cola ya están repartidas, y casi todo el planeta estará cubierto con la publicidad que conmemora los 100 años del emblemático recipiente ganador del concurso de diseño celebrado por la propia compañía en 1915, cuando quiso darse uniformidad al envase, naciendo así la verdadera esencia de su negocio…Un marketing potente cuyas cifras hablan por sí solas.
Un consumo de 1.900 millones de unidades por día en más 200 países, 900 plantas de embotellado y una plantilla de 130.600 empleados. Del Pop-Art de Andy Warhol con ‘210 botellas de Coca-Cola‘, subastado por más de dos millones de dólares, o ‘Coca-Cola 4′, que llegó a la casi escandalosa cifra de 31 millones. Un itinerario global en el que poco importa si se la asocia con el fast food frente al casual food de los nuevos millennials. Cuando un vocablo se convierte en el segundo más conocido en todo el planeta (después de OK), porque el 94% conoce su nombre, debe ser que, en verdad, podría tratarse de la chispa de la vida.
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