Tindaya, junto a Tebeto, en Fuerteventura, posee un centro de información que está cerrado. (Foto Espiral21).

La fragilidad medioambiental de cada una de las Islas, la limitación de recursos naturales, el escaso margen para generar capacidad económica que garantice bienestar a la gente que vive en el Archipiélago -igual que a las nuevas generaciones-, la altísima densidad de población concentrada en los suelos aptos para el desarrollo urbanístico, el bloqueo de nuestras principales carreteras, la insostenible llegada de foráneos en busca de un puesto de trabajo (que vendrá asociado a un coche ya una casa), el agobio que
empieza a sufrirse por la masificación en las zonas turísticas y, entre otros, el sentido común, ratifican plenamente el acierto del lema escogido para las concentraciones de este domingo en las Islas: “Canarias tiene un límite”.

Evidentemente, son distintas las razones que conducen a fijar límites al crecimiento en cada una de nuestras islas. Gran Canaria y Tenerife aglutinan todas las razones
expuestos en la entradilla de este artículo. Lanzarote no debe perder nunca el sabio equilibrio entre respeto al medio natural y desarrollo impulsado en los años 60 y 70 por el tándem integrado por César Manrique y Pepín Ramírez. La calidad de vida de la que gozan los conejeros y su positivo

El desarrollo social y económico tiene ahí su fundamento. A Fuerteventura le sobraba territorio y le faltaba calidad en el desarrollo de sus infraestructuras y equipamientos. La llegada de Mario Cabrera a la presidencia del Cabildo majorero significó un cambio de rumbo en el concepto y forma de hacer las cosas. La isla tiene un potencial enorme si apuesta con determinación por la calidad y no por la cantidad. Pero el disparatado crecimiento poblacional le lleva a que más del 70% de su población haya nacido lejos de la Isla.

Otros son los problemas de La Palma, La Gomera y El Hierro. En este caso, necesito masa crítica en algunas actividades económicas para ser competitivo. Ahora bien,
para ello debe primar la calidad y la sostenibilidad en sus políticas de desarrollo. Su modelo no puede ser el de turismo de sol y playa. Las denominadas Islas Verdes
disponen de espacio para un crecimiento muy medido, en actividades relacionadas. con la ciencia, la tecnología, el cielo, el mar, las energías limpias, el sector primario o
desarrollos turísticos de máxima calidad. Hace veinticinco años, algunos hablábamos de la necesidad de poner límites al desarrollo desenfrenado que se estaba produciendo en el Archipiélago y limitar la llegada de foráneos. Las posiciones que apostaban por un control en el desarrollo urbanístico y turístico, igual que por filtrar la llegada de foráneos, fueron tachadas de ombliguistas y xenófobas.

Es importante que las autoridades comiencen a tomar con determinación medidas limitativas al desarrollo turístico ya la llegada de gente de fuera. Contra el crecimiento
descontrolado ya no se manifiestan solo grupos minoritarios de jóvenes nostálgicos y enamorados de la naturaleza y el medio ambiente. Esa corriente empieza a ser un
clamor popular y la presión sobre las instituciones no deja de crecer. Hace algo más de un cuarto de siglo, en Canarias salíamos de la hambruna y la pobreza de solemnidad que nos había perseguido históricamente, dejando atrás tiempos oscuros en los que las familias canarias tenían que emigrar para sostener a los suyos. En ese contexto, el crecimiento en cantidad de actividad económica, turismo y gente de fuera venida en busca de trabajo se asociaba a desarrollo y bienestar. Hoy las colas en las carreteras, el colapso en los servicios públicos, el precio de la vivienda, la masificación en las zonas más turísticas o la competencia desigual con gente foránea para ocupar un puesto de trabajo comienza a asociarse a empobrecimiento y pérdida de bienestar y calidad de vida.

Sin duda, como indica el lema de las concentraciones de hoy, Canarias tiene un límite.

Paulino Rivero, presidente de Canarias, 2007-2015.