
La Constitución Española, que tanto copió de la alemana, no trasladó la función del Bundesrat (en alemán Consejo Federal) al Senado español. El Senado alemán, integrado por representantes de las regiones, los länder (están representados todos los partidos presentes en ellos, CDU, CSU, SPD, Die Linke, Los Verdes, SSW) es el órgano de representación de los estados federados y tiene su sede en la antigua Sala de Señores de Prusia, en Berlín. Tiene por función aprobar, rechazar, sancionar las leyes federales que afecten a las competencias de los länder. Sus miembros son nombrados y cesados directamente por los gobiernos regionales. El voto no es individual sino por Estado. Bonn, primero, y Berlín tras la reunificación, son algo así como convidados de piedra a estas cuestiones que atañen a los territorios. La capital, y Alemania, están a salvo de demagogias torticeras.
No hay más agravios contra Cataluña que contra Canarias. La Ley del REF no se cumple en sus peculiaridades más fundamentales. Hacienda se dedica con pasión primitiva a poner ora tachuelas ora aceite en el camino. Resultado: ‘Madrid nos roba’. El otro argumento, “no se respeta el Estatut”, es equivalente al canario ‘no se nos respeta el REF’, que es el pre-Estatuto, la renovación del Fuero otorgado por Los Reyes Católicos que Isabel II, y en concreto su ministro Bravo Murillo, extremeño de Fregenal de la Sierra, que nunca estuvo en las islas, pero las comprendió muy bien, convirtió en la visionaria ley de Puertos Francos.
La letra muerta de la Constitución
Las mismas motivaciones tienen las críticas gallegas, las vascas, las extremeñas, las valencianas, las andaluzas, las baleares… En diciembre de 1986, en Santiago de Compostela, el conselleiro de Hacienda (Facenda) de la Xunta desgranó un memorial de agravios, los ‘déficit históricos’ en materia de sanidad, educación, carreteras, que una semana antes había relatado también el consejero canario del ramo, Óscar Bergasa, en una comida de fin de año con los periodistas. El problema, que suma tantas singularidades y tantos ‘despojos’, reales, muchos, e inventados, asimismo muchos, es nacional. Además, se ha desenfocado el objetivo y la foto aparece borrosa.
La Constitución ha acabado por ser letra muerta. Por ejemplo, su primer artículo dice que España se constituye en un estado social y democrático de derecho. ¿Cuál es la parte de social que no se entiende? La Constitución no dice que España se constituye en un estado liberal, neoliberal, popular ‘de aquella manera’ moscovita, de mercado o de lo que sea. Dice social. Y siendo esta una cuestión fundamental, la vertebración del Estado por el ‘estado de bienestar’, como Alemania, como la Europa de posguerra, ha sido la primera que se ha ido desmontando, inventando más artimañas que las reunidas en los libros de picaresca del Siglo de Oro por expertos Rinconetes y Cortadillos.
Al ‘estado de bienestar’ le está pasando como a Enron en Estados Unidos. La desregulación loquinaria principiada por Ronald Reagan, movido como una marioneta por las grandes y cínicas multinacionales, aquellos herederos del ‘complejo militar industrial’ cuyos peligros denunció el presidente republicano Eisenhower, general laureado de la II Guerra Mundial, en su discurso de despedida, permitió la quiebra de esta eléctrica, arruinando a decenas de miles de ahorradores. Las privatizaciones de Thatcher, administradas por la ‘tercera vía’ de Tony Blair, han hecho llegar con retraso a los trenes británicos y acabar con el prestigio de la sanidad pública.
La incorporación de Canarias a la Corona de Castilla incluyó un pacto entre el caudillo isleño Tenesor Semidán (Fernando Guanarteme, una vez cristianizado) y los Reyes Católicos. De rey a reyes, el ‘guanche’ fue recibido en la Corte y tratado con honores, vestido con ropaje real, aceptándose muchas de sus peticiones, incorporadas más tarde al derecho en forma de fuero. ¿Primer episodio de una alianza de civilizaciones? Depende. No hay duda de que el guanarteme canario hizo de la necesidad virtud. Ante los caballeros con espadas, corazas, arcabuces, ante los cañones y caballos, y los navíos nunca vistos en poderío y número, ante la seguridad de la derrotas por la fuerza del enemigo, pactar era una forma de progresar.
Más Estados, menos Europa
En Europa, y depende del momento que se elija para situar el correspondiente mito y leyenda nacional que justificaría el retorno a la soberanía de la leyenda, podríamos contar casi cuatro centenares de naciones y estados. La búsqueda de la identidad nacional en ese caldo de cultivo, egos aparte, estaba impulsada por la adquisición de un espacio vital que les permitiera crecer y desarrollarse. Durante siglos las guerras asolaron Europa; y fueron las guerras, revestidas de religión, de deseos de grandeza de aristócratas, reyes, grandes duques, duques, aventureros, piratas, las que fueron creando las condiciones para la unidad.
Las guerras acabaron en la Europa que no fue congelada durante medio siglo por el imperio soviético, cuando los antiguos enemigos decidieron crear un mercado único, y luego, una unidad política con una estructura singular e inédita, relativamente. Las partes contratantes del Mercado Común y más tarde de la Unión Europea, se procuraron espacio para el desarrollo del comercio y la industria de forma amistosa y con equilibrios basados en el mutuo interés. Este fue el secreto de la paz. Respaldado por la organización militar sostenida por los países más demócratas y progresistas, con un par de excepciones tácticas.
Esa época oscura enseña la patita bajo la piel de la oveja. Es el régimen de Orban en Hungría, es el lepenismo en Francia, es ‘Amanecer Dorado’ en Grecia, es la ultraderecha que se envalentona en Inglaterra y en Alemania, son esos émulos del Ku Klux Klan que proliferan en los despojos de una crisis gobernada por los mercados, zafados del control de los parlamentos y de los pueblos… y que son una quinta columna que abre la brecha para recuperar el antiguo orden de una clase alta, gobernadora, y una clase baja, sierva, cargándose las clases medias. Y por la gran migración de desheredados y víctimas que fija su mirada y sus esperanzas en Europa. En esos tontos, también, que ignoran las leyes que rigen los vasos comunicantes.
Lo decía Anatole France: “Una necedad repetida por 36 millones de bocas no deja de ser una necedad”. O en los débiles que sucumben al chantaje y la amenaza de los ‘patriotas’ que llaman traidores a los libres. Europa vive en el sopor que provoca la digestión de 28 miembros, cada uno de su padre y su madre, y muchos, cuya democracia y relaciones con el mundo occidental estuvieron encadenadas a Moscú durante un tiempo clave para la actual civilización europea, que aparecen en escena con los vicios de declamación de los actores primerizos. Con sus miedos y sus fantasmas intactos. Como si la guerra y la ocupación por las tropas del Pacto de Varsovia hubiera sido ayer por la tarde.
La Caja de Pandora
En realidad, incluso el pueblo más minúsculo de España tiene sus motivos; todos, en fin, podemos tener un antepasado en Atapuerca o descender de uno de los primeros artistas y periodistas que dejaron escrita en piedra la crónica de Altamira. Europa lo tiene claro: Cataluña no es una excepción; sería la llave que abriría una ‘caja de pandora’, cerrada con gran esfuerzo gracias a la unidad y al consenso de los pueblos, porque si se le reconoce este derecho a desgajarse a Cataluña no habría justificación para no reconocérselo a otros cuatrocientos casos parecidos, porque no hay que descartar el contagio por ‘simpatía’, que es como se producen las explosiones imposibles.
Juan Negrín, presidente del Gobierno de la II República, del PSOE, nacido en Las Palmas, se mostró inflexible con el ‘quintacolumnismo’ de los nacionalistas catalanes, que ponían en riesgo la República. Según cuenta Zugazagoitia, con ocasión del Consejo de Ministros celebrado en Pedralbes en noviembre de 1938, (episodio recogido en un reciente artículo en La Provincia por Eligio Hernández) el político canario, que mantenía la determinación de resistir hasta el final para enlazar la guerra civil española con el que preveía inicio inminente de la segunda gran guerra mundial, se expresó con rotundidad, de la siguiente manera que recoge Zugazagoitia en sus memorias:
Terminemos con Monterroso, como empezamos, pero citándolo literalmente: “Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí”. ¿O no es así?
Nota Meridian. Ángel Tristán Pimienta es presidente del Consejo Social de la Universidad #LPGC. Ha sido director del diario La Provincia y del Club de Opinión e Ideas Prensa Canaria. Su último libro lleva por título ‘La democracia saqueada‘.
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