Guerra institucional a la inflación en la Eurozona. El Banco Central Europeo (BCE) dice no al incremento de la cesta de la compra y acuerda subir los tipos de interés al 2,5%. La prudencia manda porque, según el instituto emisor, el horizonte de IPC en zonas altas será largo y tortuoso.
Al BCE no le quedó otro remedio que ejecutar la segunda subida de tipos del año para dejar el precio del dinero en el 2,5% (la tasa de depósito). El incremento ha sido de 25 puntos básicos, una acción idéntica al de la reunión de junio.
El banco central busca así combatir una inflación que ha vuelto a despegar en la zona euro al calor del conflicto entre Irán y EEUU, que ha devuelto al barril de petróleo a los 107 dólares, pero que sobre todo está reduciendo la oferta global de combustibles (la guerra de Ucrania es clave), disparando el precio de los carburantes y empezando a generar los temidos efectos de segunda ronda.
Con todo, la tasa de depósito (el tipo más importante) queda en el 2,5%, la tasa principal de refinanciación sube al 2,65% y la tasa marginal la ventanilla de descuento asciende hasta el 2,9%. El propio banco central admite en el comunicado que la inflación va a superar el objetivo del 2% por un periodo de tiempo muy prolongado.
El BCE reconoce que «el conflicto en Oriente Próximo continúa generando presiones inflacionistas y se prevé que la inflación se mantendrá muy por encima del objetivo durante un período prolongado. La decisión adoptada subraya el compromiso del Consejo de Gobierno de definir la política monetaria de manera que asegure que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo», reza el comunicado.
El propio Banco Central Europeo ha admitido que sigue de cerca los precios de los combustibles. Esto se debe a que dos grandes conflictos (Irán y la invasión rusa) han destruido millones de barriles de capacidad de refino de petróleo. Ante la falta de producción de productos refinados, los precios de los combustibles se están disparando. En Europa, los conductores pagan ahora el equivalente a más de 370 dólares por barril de gasolina y diésel en las gasolineras.
La propia Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha estado analizando cómo estos spreads o diferenciales se han disparado en los últimos meses, lo que está provocando que el precio de la gasolina o el diésel no pare de subir independientemente de lo que pase con el petróleo.

























