Asprocan se desangra por la crisis de las élites que controlan las ayudas plataneras.
Llanos de Sardina (GC) y Europlátano (La Palma), 2 de las 6 organizaciones que aglutinan el 13% del negocio regional, dejan la patronal Asprocan como negativa a destruir (picar) parte de la producción para controlar los precios en la Península.
El negocio del plátano en Canarias recibe cada año 142 millones de euros. Sin embargo, la asignación de la ayuda es asimétrica: de los 7.000 productores, muy pocas familias aglutinadas en 300 cosecheros se reparten 70 millones de euros, el 50% del paquete financiero que entrega la Unión Europea.
Asprocan, creada en 1993 como símbolo de la unidad agrícola de exportación, ha sufrido diversos altibajos que eran sofocados por el Gobierno regional, que es la administración que coordina el pago de las ayudas.
El consejero de Agricultura del Ejecutivo, el herreño Narvay Quintero, apenas ha podido mediar en el conflicto ante la intensidad de la fractura empresarial.
La crisis de Asprocan comenzó con la dimisión contra natura de Henry Sicilia en la presidencia de Asprocan, a raíz de un conflicto interno con Llanos de Sardina a cuenta de las picas que terminó en una sanción de 200.000 euros.
Sicilia pertenece a la élite platanera vinculada al gigante Coplaca (TFE), cuyo representante más significativo es Leopoldo Cólogan, ex presidente del lobby europeo del plátano (Aepb).
Para Cólogan, la salida de Sicilia supuso una pérdida de influencia que cedió en favor de Cupalma (LP) y Plátanos de Canarias (GC), de ahí la elección del actual presidente, Domingo Martín, que cuenta con el pleno apoyo de otro potentado del sector, el galdense Félix Santiago.
Cambio en las reglas de juego
Desde hace años, las reglas de juego del negocio han cambiado porque las multinacionales americanas del banano ya gestionan el 35% del mercado peninsular, que era despensa exclusiva de Canarias.
La fuerte presión de Chiquita y Dole sobre las autoridades europeas y la Organización Mundial de Comercio para suprimir los aranceles, ha ablandado la aduana comunitaria hasta el punto de que los plataneros canarios empezaron a construir alianzas con los americanos.
Coplaca copa el 33% de la cuota regional y hoy es socio del hólding Sumitomo (Japón, dueño de Toyota) en Eurobanancanarias y distribuye plátanos y bananas.
Europlátano, por su parte, tiene como aliado a Bargosa (Barcelona), que también madura y comercializa plátano dólar en la Península.
Félix Santiago, con el 16% del negocio, tiene en proyecto establecerse en Valencia y Barcelona para vender como operador logístico.
Ante esta conversión del sector, Llanos de Sardina, de la familia Godoy, ideó una estrategia alternativa a los planes de Asprocan, con la búsqueda de nuevos mercados (por ejemplo, Suiza) que le impidieran picar la producción.
La pica es un mecanismo artificial de reducción de los precios que consiste en arrojar plátanos al barranco o regalarlo a las ongs. En la actual campaña se han picado 13 millones de toneladas.
Llanos de Sardina se mostrado discrepante con esta táctica ante el temor de perder socios dentro de su organización y debilitarse como entidad productora.
Autonomía de gestión
Llanos y Europlátano, conscientes del doble frente Coplaca-Agriten (ambas de Tenerife) y Cupalma-Plátanos de Tenerife, optan ahora por una autonomía de gestión y no someterse más a la disciplina de Asprocan.
Según fuentes empresariales, se trata de la crisis más grave que ha padecido Asprocan desde su constitución.
Tanto Asprocan como la Consejería de Agricultura declinaron dar su versión de los hechos a Espiral21.
Las dos organización críticas con Asprocan reclaman «profesionalidad, transparencia y democracia«, de manera que las élites dejen de ser decisivas en las elecciones de presidente, que «se suceden como distanías intocables cuando nos están comiendo el mercado a la velocidad de un rayo«.
Las divergencias también apuntan al consejero Narvay Quintero, para que abra un debate que revise el reparto de las ayudas. «Es inconcebible que 300 se lleven el 50% de la ayuda. Es una desproporción tan descomunal que exige un cambio más equitativo y justo«.
Según Asprocan, las organizaciones de productores han vendido el kilo a los receptores peninsulares por 0,6 euros el kilo, mientras que el precio final de venta al consumidor oscila entre un 1,6 y un 1,8 euros.



























