
#8 de marzo viste de negro por Matilde Teresa de Castro (primera asesinada del año, Madrid). Por Estefanía (Madrid), por Toñi (Almería), por Blanca Esther (Navarra), por María Ángeles (Madrid), por Virginia (Ourense), por J.D.L.M (Toledo).
Y por Noemí y su pequeña de tan sólo un año, Aramís (Madrid). Al ser un bebé, el Ministerio no la ha incluido aún en la lista de féminas fallecidas por violencia de género. Por Cristina (Toledo), por Carmen (Barcelona), por Laura (Toledo), por Ana Belén (Ciudad Real).
Por su hija Ana, de 18 años. (El Ministerio tampoco la incluye en el listado de violencia de género, pero murió en el mismo acto de asesinato a manos del mismo ejecutor machista que su madre). Por Margaret (Alicante), por Mª José (Pontevedra), por Leidy Yuliana (Barcelona), por Gloria (Valencia), por Dolores (Valencia).
Por una mujer de 91 años, cuyo nombre no ha sido facilitado (Badajoz). Y así hasta llegar a Erika Lorena (Madrid), la número 20 en lo que va de año. El arranque más negro en esta década. Ni nos atrevemos a especular sobre la posible estadística al finalizar 2017.
Hoy la jornada mundial del #8 de marzo se reformula en forma de paro femenino simbólico, respaldado por 45 países coordinados a través de los colectivos de mujeres. A diferentes horas del día, particularmente, en la franja del mediodía, las mujeres pararán lo que estén haciendo.
Cada una en su sector o ámbito, público o privado, mostrarán a la totalidad lo que es un mundo sin mujeres. Y al igual que hicieron en Argentina el pasado mes de octubre, vestirán de negro. Por la desigualdad y la violencia.
Este #2017 se articula en torno a la insalvable brecha salarial. Con un nivel de pensiones hasta un 36% más bajo para las mujeres en España, o una cifra de 2,6 millones de mujeres en puestos de jefatura frente a los 4,7 millones de jefes en toda Europa…Los números hablan por sí solos.
Pero las cifras más sangrantes están en las muertes por violencia machista o de genero. Ésas son, sencillamente, inaceptables.
Sangrantes y dolorosas para una sociedad que se precie de serlo. Porque la asimetría social chirría, pero la sangre lo hace aún más. El promedio de mujeres que fallecen en todo el mundo, víctimas de la violencia, supera las 66.000. Demasiadas.
Nos queremos vivas. Todas. Mujeres y niñas. Sólo en Argentina, cada 30 horas muere una mujer asesinada. En España, en 2016, tal día como hoy podíamos decir que Marzo seguía blanco. Impoluto. Y tocaba felicitarse por ello en el día después de la Jornada Mundial de la Mujer.
El año había empezado con 11 mujeres asesinadas (7 en enero y 4 en febrero). Hoy, un año después, toca decir que ya llevamos 20. Nueve asesinadas más que en 2016.
La brecha salarial es importante (cifrada en un 23% por los sindicatos españoles). Pero de poco o nada sirve, mientras la violencia de genero no deje de ser un asunto de dormitorio y pase a considerarse una cuestión de Estado.
Tenemos un Congreso donde todos los partidos abogan por el cambio de consideración de los animales como cosas a criaturas sensibles en el Código Civil. Pero seguimos sin batallar lo suficiente para que “la violencia de género tenga un tratamiento multidisciplinar, donde se le dé vital importancia a la prevención y la educación”. (Palabras del fiscal jefe de Canarias, Vicente Garrido).
La ruptura del ‘techo de cristal’ es importante. Pero menos que seguir muriendo. Ni una menos. La corresponsabilidad de los ciudadanos ante un mal gobierno en el poder es un hecho inherente.
Votamos cada cuatro años y elegimos a nuestros representantes. Pero… ¿Cuándo dejamos de ser vigilantes de las acciones de nuestros gobiernos?
¿Hasta qué punto nos deshinibimos y nos convertimos también en corresponsables?
Mujeres como corderos criados para alimentar a otros. Sin un ‘rap’ afgano que las salve de su destino, como Sonita. Pero Sonita Alizadeh, víctima propiciatoria a matrimonio infantil, creció en Herāt, Afganistán. Allí es más difícil (¿o no?).
El rap de Sonita (‘Novias en venta’) resuena en mi cabeza…Vistamos de negro, sí. Paremos hoy. Pero no paremos mañana para que esto, al fin, pare.
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