Lyon revoluciona la danza con 2 espectáculos de realidad inmersiva

Lyon se lanza con dos compañías francesa y suiza a crear obras virtuales que son contempladas por los espectadores con oculus y sensores en manos y pies de realidad virtual. El resultado abre horizontes imprevisibles para las artes escénicas

Lyon Biennale y el mundo se gira a ver qué danza Lyon. Sucede, sin más. Porque es su Bienal de danza la que siempre marca la pauta, la que anticipa los pasos que se están dando en los cuatro puntos cardinales… Y lo que es más importante, los que están aún por venir.

Anticipación y talento a raudales son las claves de su éxito. Nadie queda jamás indiferente ante todo cuanto se baila en los diferentes escenarios de Lyon, y cuál es su nombre, por supuesto.

Pero esta vez, el mayor acontecimiento escénico de Europa, la 18ª edición de la ‘Biennale de la danse’ (cuarta ya bajo la dirección de Dominique Hervieu), vuelve a romper moldes con su apuesta por la ‘danza inmersiva’ y la realidad virtual en la danza.

Tal y como cabía prever (Lyon, siempre a la vanguardia), la puerta abierta por la danza al arte digital fue un éxito de convocatoria. Presentada como auténtica novedad, esta inter-actuación de imágenes y nuevas tecnologías con las que vivir el baile de otra manera, desbordó toda previsión.

Bailarines virtuales en la representación de Lyon 2018 creados a partir de artistas reales. Sólo visibles con gafas RV. (Foto Bienal de Lyon).

Sin duda, el distintivo de esta ‘Biennale 2018’ que más ha dado que hablar… Fueron dos las propuestas. Por un lado, el francés Yoann Bourgeois junto al director Michel Reilhac, adaptando ‘Fugue/Trampoline’ a la realidad virtual.

Fugue’ presenta una realidad mixta como experiencia colectiva para 10 participantes, en ‘modo película’. Pero lo cierto es que una vez tienes puestas las ‘Oculus o gafas RV’ y comienza a sonar la ‘Metamorfosis II’ de Philip Glass, el mundo desaparece.

Poesía visual

De manos de la maravillosa poesía visual de Yoann Bourgeois y su vertiginosa irrealidad para el movimiento, se hace la magia en la que ya sólo caben las sensaciones. La conexión de emociones es tan inmediata que, en efecto, pasas a formar parte de su ‘coro’ y percibes que tu corazón también se entrega.

Sólo deseas salvarlo cuando cae. Tiemblas y dudas si salvarte tú, siquiera… Con el aliento en un puño, crees que ha pasado una vida entera y lamentas que tan sólo hayan transcurrido poco más de 15 o 20 minutos, cuando entregas las gafas. Acabas de bailar con Yoann Bourgeois que te sedujo con el riesgo pero sobre todo, con su poesía, y jamás lo esperaste…

Dudando aún con quién buscar consuelo por las emociones vividas y preguntándote si volverás a ver a Yoann Bourgeois, cambias de sala para esta vez, además de las ‘Oculus’, pertrecharte de los pies a la cabeza con sensores de movimiento, y entrar en el universo de Gilles Jobin y ‘Artanim’.

Una pieza en realidad virtual inmersiva 100%. Por primera vez sobre un escenario, un coreógrafo combina danza y realidad virtual inmersiva en una obra en la que los espectadores son proyectados con un ‘avatar’ propio (de cinco en cinco), en el centro del dispositivo. Esto es, entrando así en la pieza de danza y viviendo una experiencia sensorial, debo decir, alucinante.

Gigantes vistos por los espectadores de la danza virtual en Lyon 2018, obra de Gilles Jobin. (Foto Bienal de Lyon).

Cada uno con un ‘avatar’ diferenciado y aleatorio, todos pasamos a vivir ‘Artanim’ como una experiencia personal, cuyo resultado final dependerá de la voluntad de cada cual. La tecnología permite combinar el escenario real con el espacio virtual, de manera que las fronteras entre los bailarines que trabajan con Gilles Jobin (ahora virtuales), y los reales (nosotros, antes meros espectadores), desaparecen.

Todos nos movemos juntos en idéntico espacio y tiempo. Los juegos de escala creados por Jobin (con unos personajes que son gigantes y se pasean a tu alrededor mientras te observan), logran sorprenderte y condicionar tu percepción de la realidad.

(Por cierto, nos topamos con una bailarina barcelonesa en su compañía, Susana Panadés Díaz, muy contenta con esta experiencia inédita en la danza contemporánea).

¿Y quién no haría qué por entrar en la propia obra de arte y formar parte de ella, moviéndose al antojo de los colores? ¿Acaso se cortase uno la otra oreja como Van Gogh por modificar la realidad?… Van Gogh desconocía que un día hablaríamos de realidad virtual. Sí, también en el mundo del arte.

Pero él, a su manera, alteró la realidad tendiendo una trampa a los sentidos, y con ello, al arte. Y así el artista arrastró al hombre hasta la encrucijada de interferir en su voluntad… ¿Abismo o cima? ¿Qué elegimos ver cuando  nos atrevemos a sentir?

Y si así fuera daría la vida, por un solo abrazo, una sonrisa perdida’ (como decía una canción de Germán Copini). Un sólo instante pero de una intensidad infinita. Así es también Lyon cuando toca Bienal y bailas.