Las formas de la Reforma

"El oportunismo electoral comenzará a imponerse poco a poco y las fricciones y desavenencias entre los socios de gobierno serán también cada día más evidentes"

¿Tahurismo o pragmatismo político en el sentido del voto de los partidos políticos en la Ley de Reforma Laboral aprobada por el Congreso de los Diputados el pasado jueves?. Ha sido una partida llena de incertidumbre en la que todas las cartas estaban sobre la mesa. La vicepresidenta y ministra de Empleo, Yolanda Diaz, luchó hasta el final para que sólo se dieran una parte de las cartas, las vinculadas a las fuerzas de izquierda e independentistas, pero su impericia y sectarismo le impedían ver que había más jugadores dispuestos a sentarse a una mesa que tenía el padrinazgo de empresarios y sindicatos.

La ministra se apuntó un tanto muy importante cuando consiguió que sindicatos y empresarios dieran el visto bueno a un texto que, respetando la esencia de la Reforma impulsada por Mariano Rajoy en el año 2012, la mejoraba en aspectos que aún estaban pendientes de desarrollar. Sin duda, el que la Reforma de la Reforma de la Ley Laboral viniera avalada por empresarios y sindicatos facilitaba el camino para que tuviera un amplio respaldo en el Congreso de los Diputados. Lamentablemente, el tahurismo político se impuso al pragmatismo.

Mientras la vicepresidenta Yolanda Diaz y Unidas Podemos restringían la búsqueda de apoyos para convalidar el pacto alcanzado con sindicatos y empresarios a los socios radicales de la investidura, Sánchez y el PSOE abrieron hábilmente la negociación, de una forma transversal, a otros partidos. Sin duda, ha sido un acierto y un éxito político de los socialistas.

Negociar con nueve fuerzas políticas para obtener su apoyo, bajo la presión y el rechazo de la otra parte del Gobierno y de sus socios preferentes, es una tarea compleja. Un papel relevante en la dirección del diálogo con las fuerzas que han constituido una mayoría alternativa, es decir, Ciudadanos, Más País, Compromís, Teruel Existe, PRC, CC, PDeCAT, UPN y Nueva Canarias, lo ha tenido el canario y portavoz de los socialistas en el Congreso, Héctor Gómez, consolidado en pocos meses como un discreto y eficiente negociador.

Están por ver las consecuencias que el resultado de la votación del pasado jueves puede tener en las relaciones del Gobierno de Sánchez con sus socios preferentes, particularmente con ERC y EHBildu y, en menor medida, con el PNV. Seguramente, se impondrá el pragmatismo y continuará la colaboración con los socialistas porque a ninguno les interesa anticipar el final de la legislatura.

Mucha generosidad deberán tener las dos fuerzas políticas que comparten tareas del Gobierno de coalición -PSOE y Unidas Podemos- después de la guerra soterrada que han mantenido en el tenso proceso de búsqueda de apoyos para ratificar el acuerdo alcanzado en el Congreso.

El oportunismo electoral comenzará a imponerse poco a poco y las fricciones y desavenencias entre los socios de gobierno serán también cada día más evidentes. Los sondeos electorales comenzarán a hacer mella y el nerviosismo puede llevar a algunos a cometer errores de consecuencias impredecibles en estos momentos.

En este escenario, no se sabe a lo que está jugando es el PP con su voto negativo a una Reforma de una Ley que mantiene casi todos los aspectos más relevantes de la Reforma del ex presidente Mariano Rajoy, en 2012. Más incomprensible si cabe su voto negativo si tenemos en cuenta que es un texto avalado por los representantes empresariales. El tacticismo político, de unos y de otros, ha ensombrecido el gran acuerdo que sellaron el Gobierno, empresarios y sindicatos y que, finalmente, salió adelante con una mayoría inédita y gracias a la involuntaria colaboración de un diputado del PP, en el Congreso de los Diputados.

Paulino Rivero ha sido presidente de Canarias entre los años 2007 y 2015.