Arturo Fernández, adiós al galán español

Arturo Fernández. Bien ‘piantao’, que diría la letra de un buen tango, y seductor por vocación, caminaba casi deslizándose… Con los pies calzados en unos mocasines de piel, color ‘toffe’, casi siempre. Impolutos.

Y cruzaba la pierna al sentarse, elegantemente, como mismo haría todo caballero que se preciara de serlo… Además de parecerlo.

Camisa de cuello perfecto. Pero abierto hasta allí donde el descaro y la elegancia se dan la mano.

Su aspecto bronceado lucía impecable como ese galán que se sabía y sentía, con el mismo lustre del pañuelo que justo asomaba doblado por el bolsillo de su chaqueta.

Era Arturo Fernández. Un galán, ayer como hoy. El galán, diríamos.  Reflejaba como nadie el difícil arte del humor inteligente, sin quedar atrapado en las risas.

En la siempre elegante alta comedia. Era único entretejiendo una tela de araña que atrapaba por igual a personajes y a espectadores. Su presencia se hacía imprescindible en cualquier historia divertida. Siempre llena de sorpresas.

Constante ídolo teatral, marcó primero una época también en el cine, al  que volvió de la mano de José Luís Garci en los ochenta. Y, gustara más a unos que a otros, era conocido por todos. Tanto él como su “chatina”.

Su voz nunca se quebró, envolvente como su sonrisa. Hasta ahora, con su fallecimiento a los 90 años. Y aún galán. Siempre en temporada y programación. Sobre las tablas hasta hace sólo dos meses.

Descanse en paz.